MaloBueno
Categoría: Sermones
Escrito por Ricardo Ulloa Vargas Visto: 3
Cuando un hermano cae
Página 2
Todas las páginas
Página 1 de 2
Gálatas 6:1
Todos los cristianos estamos expuestos a tropezar, y la
Palabra de Dios ofrece tres razones bien definidas de por qué somos propensos a
esto.
I. El pecado dentro de nosotros
En primer lugar, las Escrituras nos muestran que el
principio del pecado aún se encuentra dentro de nosotros. Sin importar lo
consagrados a Cristo que seamos, o lo bien que podamos entender la actividad
del Espíritu Santo, hay un principio activo de pecado que se agazapa en
nuestros corazones. Pablo describe así la confusión que éste puede crear:
“Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero
este hago. Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en
mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí”
(Romanos 7:19-21)
Pablo no está dando a entender que el pecado sea más fuerte
que el poder del Espíritu Santo que habita en nosotros, sino que está haciendo
la observación de que éste, el mal, todavía existe y ejerce una fuerte
atracción hacia abajo. Los creyentes podemos resistirnos, y vencer el poder del
pecado gracias a la vida victoriosa de Cristo, pero hay una batalla que librar;
y por múltiples razones, no siempre participamos en el triunfo, que es nuestro
mediante el sacrificio de Cristo Jesús en la Cruz del Calvario. 1ª Corintios
15:57 “Mas á Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro
Jesucristo”.
II. Un enemigo impresionante
En segundo lugar, tropezamos porque tenemos un enemigo que
procura devorarnos, disuadirnos y desviarnos. 1ª Pedro 5:8 “Sed templados, y
velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor
buscando á quien devore”.Se le conoce por varios nombres: el príncipe de este
mundo, el príncipe de la potestad del aire, el adversario, el acusador de los
hermanos, es decir, Satanás.
Él siempre está ahí para hostigarnos, tentarnos,
presionarnos, y hacer que fracasemos. Se trata del acusador de los hermanos, no
de los incrédulos. Debido a que no pudo cegarnos en cuanto a la verdad para
salvación, tratará de hacer lo siguiente, que es lo que más le conviene:
inutilizarnos, y dejarnos frustrados, desanimados y derrotados en cuanto a la
vida y el servicio productivos se refiere. El meternos en pecado repetidas
veces y hacer incursiones continuas a nuestras áreas más vulnerables de la
personalidad o el carácter, son tácticas prioritarias que casi siempre dan
resultado con gran eficacia. Por eso se nos advierte que debemos ser “Templados
y Velad”. Templados, que significa: Moderados, Calmados, Sobrios; y la
sobriedad implica que nosotros los cristianos no nos dejamos arrastrar por
emociones o pasiones humanas, sino que mantenemos una perspectiva eterna sobre
todos los asuntos de la vida. La sobriedad incluye conceptos como: constancia,
dominio propio, claridad de la real existencia de un enemigo común. Velad: Una
confianza firme en el cuidado soberano de Dios no significa que podemos vivir
sin cautela. Las fuerzas malignas que arremeten contra nosotros los hijos de
Dios, hacen necesario que nos mantengamos siempre alertas y a la defensiva. 1ª
Timoteo 5:6 dice: “Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y
seamos sobrios”.
III. Un sistema mundial diabólico
En tercer lugar, vivimos en un sistema mundial diabólico,
completamente impregnado del espíritu detestable del maligno. Los libros, las
artes, los gobiernos, la educación, los negocios y la recreación, todos son
parte integral de lo que Pablo denominaba "el presente siglo malo"
(Gálatas 1:4). Este sistema mundano caído, es dirigido hábilmente por el mismo
Satanás, y ataca a los creyentes, es decir, a los hijos de Dios por doquier en
nuestra vida diaria. No podemos escaparnos de esto. Muchas veces seremos
aborrecidos, despreciados, sufriremos burlas e incluso persecuciones; y aunque
no somos del mundo, no hay duda de que estamos en él. Juan 17: 14 al 18 “Yo les
he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como
tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los
guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos
en tu verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, también los
he enviado al mundo”.
Este trío de oposición es lo suficientemente imponente como
para asestarnos ciertos golpes que nos pueden hacer caer. Cualquiera que diga:
"Nunca haré esto o aquello", está en realidad preparando el terreno
para una caída poco halagadora. Este modelo de justicia propia ha reducido la
resistencia en ese campo particular, porque el individuo se apoya ahora en la
autosuficiencia como línea de defensa contra un enemigo que es muy superior. Es
como defender una fortaleza con una pistola de agua.
IV. ¿Por qué tropezamos?
El apóstol Pablo nos da la prescripción bíblica para
perdonar a un hermano que ha caído.
“Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros
que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre;
considerándote á ti mismo, porque tú no seas también tentado. Sobrellevad los
unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que
estima de sí que es algo, no siendo nada, á sí mismo se engaña. Así que cada
uno examine su obra, y entonces tendrá gloria sólo respecto de sí mismo, y no
en otro. Porque cada cual llevará su carga” (Gálatas 6:1-5)
Fíjese en la frase que Pablo usa:”tomado en alguna falta”,
en otras palabras, “sorprendido en alguna falta". La idea que se da en el
idioma original es de una sorpresa, una falla. En otras palabras, cuando los
cristianos pecamos, no es que andamos buscando cometer una trasgresión
deliberadamente. En un momento de debilidad o indiferencia, cedemos, o somos
engañados por el mal. Somos heridos por el león rugiente que está a nuestro
lado, por no andar en un lugar seguro. Si conocemos la Biblia y el camino de
Dios, así como sus advertencias contra el pecado, ¿por qué todavía le damos
mordiscos al fruto prohibido?, Y luego tenemos la desfachatez de decir “El
Señor me tentó y caí”; Santiago 1: 13 al 16 dice: “Cuando alguno es tentado, no
diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni
él tienta á alguno: Si no que cada uno es tentado, cuando de su propia
concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia, después que ha
concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte.
Amados hermanos míos, no erréis”. Con esta advertencia la pregunta sin duda es
¿Por qué tropezamos?
1º Una vida descuidada
El primer factor que viene a la mente es que nos volvemos
descuidados en nuestra vida cristiana. No tomamos en cuenta la amonestación
Bíblica de que "Enseñándonos que, renunciando á la impiedad (irreverencia,
apostasía, indiferencia, infidelidad), y á los deseos mundanos, vivamos en este
siglo templada (moderada), justa y piamente (de forma piadosa)" (Tito
2:12) con la seriedad que debiéramos. Nos volvemos negligentes en hacer
realidad las verdades que conocemos, y olvidamos tomar la clase de precauciones
que normalmente deberíamos tomar, para no caer en las trampas de Satanás.
Hacemos de nuestro diario vivir una vida descuidada, sin lectura de la Palabra
de Dios, sin oración diaria y privada.
Pablo nos exhorta de esta manera: "Mirad, pues, cómo
andéis avisadamente; no como necios, mas como sabios; Redimiendo el tiempo,
porque los días son malos” (Efesios 5:15-16) Esto quiere decir vivir con
sabiduría. Las personas descuidadas en su trabajo están propensas a tener
accidentes que pudieron haberse evitado. Los cristianos que no desarrollan la
oración y tienen hábitos de estudio flojos, y que no cultivan rasgos de
carácter disciplinados bajo la tutela del Espíritu Santo, son el blanco
primordial de los dardos de fuego del enemigo. Juan 5:39 nos dice: “Escudriñad
las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna;
y ellas son las que dan testimonio de mí”.
2º La ignorancia
Una segunda razón es la ignorancia. Algunas veces no nos
percatamos del pecado ni de cómo actúa Satanás. Otras veces ignoramos cómo somos
y cómo reaccionamos ante ciertas circunstancias. Los escritores de la Biblia
declaran muchas veces: "No seáis ignorantes". Una de las claves de la
vida victoriosa de Pablo en medio de la adversidad estaba en que él no era
ignorante de las estratagemas de Satanás “Porque no seamos engañados de
Satanás: pues no ignoramos sus maquinaciones” (2ª Corintios 2:11). Nosotros
tampoco deberíamos ignorarlas, y 1ª Pedro 1: 14 y 15 agrega “Como hijos
obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en
vuestra ignorancia; Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también
vosotros santos.....”
Anterior
Siguiente >>
Central de Sermones no autoriza la reproducción y/o
distribución del material contenido en este portal. Para obtener permiso de
reproducción tiene que contactar al autor.
Author: Ricardo Ulloa Vargas
Email:ibl.revricardoulloa@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario