Mujer,
doblemente dichosa
Juan 16:21
en la Biblia al Día dice: Será algo así como el gozo de la mujer cuando le nace
un hijo; la angustia cede ante el sublime gozo de haber dado a luz un nuevo
ser.
Las cosas
buenas de nuestra existencia son como el proceso de tener un hijo. La
concepción es placentera pero dar a luz es doloroso. Cuando Dios te llama a su
servicio estás gozoso pero sufres el día que te enfrentas al Ministerio. El día
que te inscribes en la universidad es placentero, pero cuando te enfrentas a
los exámenes parece que tuvieras dolores de parto.
Con mi
esposa tomamos todos lo cursos sobre parto sin dolor pero fue inútil, ya que el
sufrimiento es inevitable. Yo convine entrar al momento del nacimiento pero en
el momento de la verdad, el médico no me lo permitió porque sabía que no iba a
tolerarlo. Dios en Su sabiduría tiene muy claro que sólo una madre es capaz de
soportar el dolor y la angustia con el corazón agradecido.
Madre, nunca
dejes que el dolor nuble tu amor. La sociedad moderna a veces te presiona y te
sientes mal porque decidiste criar y levantar a tus hijos sacrificando incluso
tu superación personal. Muchas veces te critican hasta tus propios hijos porque
dedicas tu tiempo y esfuerzo a ellos y no a desarrollarte como profesional. El
diablo ofrece muchas cosas a la mujer a cambio de sus hijos y estamos
destruyendo a la sociedad. Si tienes que trabajar y además criarlos pide fuerza
extra al Señor pero no anules lo importante. Aunque estés desvelada o cansada,
hay que seguir educando y formando. No hay mejor satisfacción en la vida que
ver a tus hijos exitosos y felices.
Lucas 2:19
comparte: Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Hay muchos
dolores sentimentales y físicos cuando decides ser madre. María supo llevar la
carga de ser la madre de aquel que se sacrificaría por nuestra salvación porque
guardaba y meditaba en su corazón la palabra que Dios le había dado. Dios te da
palabra para tus hijos, guárdala. Si ves que se desvían, vuelve a proclamarla,
ve a su habitación, pon las manos sobre ellos y ora, de esta forma no habrá
demonios ni tinieblas que arrebaten a tus hijos de las manos de Dios. Confía y
cree en Él.
Palabras de
bienaventuranza
En Lucas
1:26-29 leemos: Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad
de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba
José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el
ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo;
bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus
palabras, y pensaba qué salutación sería esta.
María se
impresionó con las palabras del ángel. No le impactaron las alas, ni el traje o
el resplandor que seguro lo rodeaba. A los hombres, seguro nos hubieran
impactado otras cosas pero nunca sus palabras. Muchas veces menospreciamos el
valor de lo que nuestra boca enuncia pero es un gran error porque las palabras
son poderosas y especialmente en el ánimo femenino. Cuida mucho lo que le dices
a las mujeres de tu vida. Ellas merecen ser bienaventuradas con tu voz. Que
escuchen “salve oh favorecida” no “vieja sírveme la cena”. Mejor sería que tu esposa
pensara que estás imitando al arcángel Gabriel y se maraville de la hermosa
salutación con que la halagas. Dile cosas bonitas a tu esposa, ella las merece,
es la madre de tus hijos, la mujer que te acompaña y aguanta. No lo olvides, el
cariño expresado con palabras es bien recibido por las mujeres.
Bendice el
fruto de tu vientre
Lucas
1:46-49 nos relata: Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi
espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su
sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las
generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre.
Todas las
madres son benditas, pero María lo era aún más por llevar al Hijo de Dios en su
vientre. Ese gran honor fue también una prueba de fe, tanto para ella como para
su esposo José. Imagina a un novio que aceptara a su futura esposa ya
embarazada. Claro que no era algo común y de haber sido rechazada ella corría
el riesgo de morir apedreada. Cierta vez los fariseos dijeron a Jesús: “no
somos hijos de fornicación” dando a entender que no creían que había sido
engendrado por el Espíritu Santo, sino en pecado. Pero en otro momento alguien
también le expresó: “bienaventurados los pechos que te dieron de mamar”. Igual
sucede contigo, mientras unos te maldicen porque no comprende, otros bendicen.
Sin embargo, María se anticipó a todo esto porque al escuchar al ángel estuvo
segura de que Dios estaría siempre con ella.
Bienaventurado
significa “doblemente dichoso”. Así fue María y también todas las madres que
deben bendecir el fruto de su vientre sin importar las circunstancias de su
concepción. Si eres una madre soltera o divorciada y no solamente el parto sino
la situación de engaño que sufriste al quedar embarazada fue dolorosa, levanta
y honra a tus hijos porque la recompensa a tu amor y dedicación será mayor que
cualquier sufrimiento. Dios siempre estará contigo, no lo dudes, eres
doblemente dichosa. Con el fruto de tu vientre en brazos no es tiempo de
lamentarse sino de amar, cuidar y apreciar a esa criatura que el Señor te ha
dado para Su gloria. Yo soy hijo de una de esas madres abnegadas que luchan
solas y Dios me levantó junto a ella. Por eso no puedo asumir una actitud de
falsa religiosidad y condenar a nadie. Todos somos fruto de un vientre bendito
y somos hijos de una madre que dijo sí a nuestra vida.
Así que
honra a tu madre. Cuando empecé a trabajar, ahorré mis primeros tres salarios
para comprarle un reloj de oro a mi madre. No me importó comer tortillas con
salchicha durante tres meses con tal de alegrarla con un regalo digno de ella.
Años después, ahorré para comprarle su carro nuevo de agencia. El vendedor
lloró al verme hacerlo porque dijo que había visto a muchos hombres comprar
carros para sus hijas, esposas y amantes, pero nunca a su madre. Lo que tengo
viene de honrar y bendecir a mi mamá. Dios es justo y no se queda con nada.
Siempre bendice aunque la gente luego difame porque ha visto la cosecha sin
conocer el proceso de siembra.
Madre, si
quieres ser doblemente dichosa debes pagar el precio. Soporta el dolor de la
maternidad y crianza de tus hijos aunque a veces sientas que son mal
agradecidos. La recompensa vendrá y ellos a final se acercarán a honrarte. No
olvidemos nunca amar con palabras y obras a nuestras madres porque de esa forma
agradas a tu Padre celestial.
Por Pastor
Cash Luna
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