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martes, 22 de octubre de 2013


Estudios Bíblicos – ¿Qué gano con esto de seguir a Jesús?

 

Versículo clave: Mateo 19:27 ¡Mira, nosotros lo hemos dejado todo por seguirte! le reclamó Pedro. ¿Y qué ganamos con eso?

Marcos 10:28 ¿Qué de nosotros, que lo hemos dejado todo y te hemos seguido? comenzó a reclamarle Pedro.

Una tarde Jesús estaba enseñando acerca de la relación entre él y su Padre, pero sus oyentes parecían no entender lo que él les estaba revelando:

“Ellos no entendieron que les hablaba de su Padre. Por eso Jesús añadió: Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, sabrán ustedes que yo soy, y que no hago nada por mi propia cuenta, sino que hablo conforme a lo que el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque siempre hago lo que le agrada. Juan 8:27-29

Cuando Jesús les explicó más claramente el mensaje, el resultado de estas enseñanzas provocó diferentes reacciones:

“Mientras aún hablaba, muchos creyeron en él. Al ver a ese grupo de creyentes les confirmó: “si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos y conocerán la verdad y la verdad los hará libres”. Estos nuevos fieles habían dado el primer paso, pero les faltaba el siguiente y el siguiente. Su caminar en fe recién empezaba, tenían que seguir adelante.  Muchos de nosotros podríamos dar una cátedra acerca del significado del soterismo (doctrina de salvación), incluso podemos haber guiado a muchos a conocer el evangelio, no tengo la menor duda que responderás correctamente a cualquiera que te pregunte acerca del significado de la muerte de Jesús, sin embargo puedes seguir totalmente ignorante del verdadero valor de la gracia de Dios.

Lo único que lleva a un hombre a Cristo y lo hace tener plena comunión con el Padre es tener una  verdadera convicción de pecado. Si empezamos bien, pero olvidamos la razón de ser cristiano, es decir olvidamos humillarnos y pedir perdón, si olvidamos que la salvación  es por gracia, perderemos el rumbo.

Comencé este devocional con un texto donde se ve a un Pedro, apóstol de apóstoles, refunfuñando porque sentía que ya era hora de saber que ganaría por todo lo que había abandonado por seguir al maestro. Y entonces Jesús, el que lo llamó desde el principio contó una bella parábola, que he leído tantas veces sin entender, hasta hoy:

Parábola de los viñadores Mateo 20:1-16

Parábola de los viñadores

1 »Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo.2 Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo.3 Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza.4 Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo.” 5 Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo.6 Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?” 7 “Porque nadie nos ha contratado” , contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo.” 8 »Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros.” 9 Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.10 Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día.11 Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario.12 “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día.” 13 Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga?14 Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti.15 ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?” 16 »Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos.

Me encanta cómo Jesús contó esta parábola con tantos detalles para que sus discípulos abran bien los oídos y no se les escape nada de la enseñanza, pero la actitud del egoísta no le permite ver más allá de sus intereses, así que no lograron entender nada. Hubieron tres grupos de convocados, todos a diferentes horas: los que llamó en la madrugada; a los de las 9 de la mañana, a las 12 del mediodía y  a las 5 de la tarde.

Que pena que los que empezaron a trabajar en la madrugada se hayan molestado tanto con los que trabajaron solo una hora. ¿Porque creen que dieron un espectáculo tan ridículo? Míralos, allí están mirando como van llegando nuevos empleados a las  9, a las 12, ¡Pero todavía sigue llamando a las 5!

“Esos ociosos recién vienen a quitarnos el trabajo pero nosotros tenemos mas derecho, vinimos más temprano, fuimos más responsables, hemos sido diligentes, hemos cumplido con todo lo que nos ordenaron, en realidad lo hemos dejado todo por esto, cuando sacrificio, cuanta entrega le hemos dado…pero un momentito, supongo que recibiremos más que ellos, obedecimos primero, nos convertimos primero, fuimos mejores que ellos…”

Mientras Jesús contaba esta parábola, Pedro estaba calladito, recién, solo hace unos minutos antes le había preguntado con exigencia a Jesús lo mismo: ¿Qué de nosotros que lo hemos dejado todo para seguirte?

No basta un buen comienzo, también debemos mantener un buen avance, que bueno que conociste la verdad, pero no es suficiente el primer conocimiento, se necesita andar en la verdad, sólo ella nos hará libres. No importa cuánto tiempo de creyente tengas, todos corremos el peligro de volver a la servidumbre del pecado.

Jesús discernió este pecado en la actitud de Pedro “Nosotros lo hemos dejado todo por seguirte ¿Qué ganamos con eso?” ¡Que trágico es que los cristiano sean desdichados y murmuradores en vez de regocijarse en Cristo Jesús!  Han olvidado este gran principio que corre a lo largo de la vida cristiana de principio a fin, todo lo que hemos recibido es por su pura gracia.

Los cristianos empezamos muy entusiasmados el caminar de la vida cristiana, el nuevo nacimiento, el primer amor se vuelve la razón de la vida hasta que de pronto un viejo y sabio líder de la Iglesia te dice “Ya te pasará la euforia”, “Tú no sabes lo que quieres, no se puede predicar a todo el mundo, nosotros tenemos más experiencia que tú”,  cuando esto ocurre el avivamiento que el nuevo creyente estaba emprendiendo se vuelve sombrío, ¿Qué significará que no debemos seguir el ejemplo de los líderes, es que ellos no son imitadores de Cristo, si ellos no lo son, entonces podré serlo yo? ¿Cuántos son como los obreros que vinieron temprano? en vez de alegrarse por los obreros nuevos que llegaron a la obra, se ponen displicentes, criticones, perezosos, aguafiestas y piedras de tropiezo en vez de hermanos mayores en la fe.

Así como vimos a Pedro quejarse y exigir, nos hemos vuelto quejosos con los hermanos, quejosos con los pastores, quejosos y refunfuñadores contra otros pastores e iglesias incluso, quizás hacemos mucho, pero olvidamos la gracia, reemplazamos todo con competencia y vanidad. Si quieres ser espiritual ubícate en el lugar correcto, eres un salvado por gracia, es la misericordia divina la que te ha puesto en este lugar, no por tus méritos, sino por amor de Dios.

Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.» Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. Santiago 4:5-7

Que su gracia nos cubra a ti y a mi queridos hermanos, somos lo que somos por él.

Con amor

Martha Vílchez de Bardales

lunes, 14 de octubre de 2013


La palabra Salvación

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La palabra salvación se emplea en la Biblia para indicar la obra de Dios a favor del hombre. En la presente dispensación, su uso se limita a la obra que él efectúa en los  individuos y que se otorga a base de una sola condición bien definida en las Escrituras. No es posible dar demasiado énfasis al hecho de que ahora, según la Biblia, la salvación es el resultado de la obra de Dios para sí mismo. Eventualmente, la persona que ha sido salva por el poder de Dios puede, después de haberse cumplido en ella la obra divina, hacer “buenas obras” para Dios, porque se dice que la salvación es “para buenas obras” (Ef 2:10), y los que han creído deben procurar “ocuparse en buenas obras-” (Tito 3:8). Es evidente que las buenas obras se hacen posibles debido a que ya se posee la salvación, pero éstas no añaden nada a la obra salvadora, toda suficiente y perfecta de Dios.

Según el uso del Nuevo Testamento, la palabra salvación puede indicar el todo o una parte de la obra divina a favor del pecador. Cuando el término se refiere a toda la obra de Dios, toma en cuenta la completa transformación que se efectúa de un estado de perdición y condenación para el pecador a una esfera en la que este mismo pecador aparece conformado a la imagen de Cristo en gloria. Por lo tanto, el sentido más amplio del término salvación combina en si mismo muchas obras distintas que Dios realiza para el individuo, tales como la expiación, la gracia, la propiciación, el perdón, la justificación, la imputación, la regeneración, la adopción, la santificación, la redención y la glorificación. Los dos pasajes siguientes describen el estado del cual el individuo es salvo y el estado hacia el cual es salvo:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Ef 2:11-12)

 “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios . . . y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1Jn 3:1-2). 

No podría haber entre los estados posibles para el hombre otros que estuviesen en mayor contraste que los dos descritos anteriormente.

Debe admitirse que esta transformación lejos de representar lo más grande que él impotente puede hacer para Dios, señala lo más grande que el Dios infinito puede hacer para el hombre, porque no es posible concebir algo que supere al estado a que el hombre es llevado por esta salvación, es decir, el ser “semejante a Cristo” y “conformado a la imagen de su Hijo”.

Mucho de la obra divina de salvación se cumple en la persona en el mismo instante en que ésta ejerce la fe salvadora. Pero, también hay algunos aspectos de esta obra que se hallan en la forma de un proceso transformador después de que el aspecto inicial de la salvación se ha realizado por completo. Además, existe uno que se revela como aquello que al momento de cumplirse lleva a su consumación la obra total de Dios a favor del pecador. Este último pertenece completamente al futuro.

Por lo tanto, en la presente dispensación es posible considerar la salvación a base de tres tiempos, tal como lo revelan las Escrituras: el tiempo pasado, o sea aquella parte de la obra salvadora que ya está del todo cumplida en y a favor del creyente, el tiempo presente, es decir, lo que ahora se está cumpliendo en y a favor del creyente; ya el tiempo futuro, esto es, lo que se cumplirá para consumar la obra de Dios en y a favor del creyente.

Los siguientes pasajes constituyen una exposición clara de los diferentes aspectos de la obra divina de salvación.

1. El hijo de Dios llegó a ser salvo de la culpa y la pena del pecado cuando creyó

1.  “Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz” (Lc. 7:50)

2.  “y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” Hechos 16:30-31)

3.  “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1Co 1:18)

4.  “Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden” (2Co 2:15)

5.  “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Ef 2:8)

6.  “Quien nos salvó y nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Ti. 1:9).

2. El hijo de Dios, exaltado a tan elevada posición por medio de la fe, está siendo salvo del poder y dominio del pecado a base del mismo principio de fe:

1.  “santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn 17:17)

2.  “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Ro 6:14)

3.  “ Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil 2:12-13)

4.  “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Ro 8:2)

5.  “Digo pues: Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gá. 5:16).

3. El hijo de Dios, engendrado como tal por medio de la fe, tiene que ser salvo todavía de la presencia del pecado en la presencia de Dios:

1.  “Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Ro 13:11)

2.  “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 P. 1:3-5)

3.  “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” 1Jn 3:1-2). 

También hay otros pasajes que combinan estos tres diferentes aspectos de la salvación: 

1.  “estando persuadido de esto, que el comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil 1:6)

2.  “Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1Co 1:30)

3.  “así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a si mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a si mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef 5:25-27). 

 

 

[Fuente: Salvation: God's Marvelous Work of Grace, Cap I. By Lewis Sperry Chafer, 1917]

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sábado, 5 de octubre de 2013


Santiago 4: 1-2 advierte: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.

La Palabra es muy clara, no pedir al Señor y dejarse llevar por las pasiones del mundo tiene consecuencia desastrosas como las guerras, pleitos y enemistades. Pídele al Señor para no codiciar lo que otros tienen. Si no tienes es porque no oras pidiendo, ya que, si acudiéramos a Dios, nos daría lo que es nuestro. Nuestro Dios nos ama y puede proveernos de todo. La gente insiste en que la iglesia no puede hablar de economía cuando la Biblia dice que la codicia es consecuencia de no pedir. Dios es como los padres terrenales que se molestan si un hijo aparece en casa con algo que le dieron en otro lugar. Una vez mi madre me vio llegar con una bicicleta que no era mía y me dijo: “la vas a devolver ahorita, para eso tienes a tu madre, lo que quieras me lo pides a mí”. Acércate a Dios y pídele.

Efesios 3:20 dice: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.

Dios es poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos. Pero no puede obrar si no tiene tus peticiones como materia prima. Por el contrario, si le pides tendrá para darte más que eso. La Palabra dice que Dios guarda en completa paz a aquellos cuyos pensamientos en Él perseveran porque en Él han confiado.

Aprende a pedir, no lo hagas cuando ya estás desesperado, sino con tiempo porque la obra del Señor requiere un proceso. Si ya tienes la casa hipotecada, pedirás lleno de angustia cuando pudiste pedir la capacidad de ahorrar para construir sin tener que endeudarte. Con la salud es igual. Le pides que te ayude a bajar el colesterol y los triglicéridos que te darán un infarto cuando pudiste pedir que te ayudara a tener fuerza de voluntad para comer sano y hacer ejercicio. Con una actitud de “última hora” no obtendrás nada. Debes hacer el tipo de petición de los sabios que se anticipan.

Santiago 4: 3-4 continúa: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Tienes que elegir, el mundo o Dios, pero no ambos. La interpretación no es que evites tener amigos del mundo, sino que evites el pecado que es “amistad con el mundo” porque si eres enemigo de Dios es imposible que puedas acercarte a Él.

El Señor te anhela

Santiago 4: 5-6 cuestiona: ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

Hay momentos cuando buscamos la presencia de Dios pero hay otros cuando Él nos anhela. Cada vez que ministro el Espíritu Santo me sucede que oro, lo busco y le pido que se manifieste. Deseo ser lleno porque ese es mi estilo de vida, buscarlo constantemente, de la misma forma que me alimento y duermo todos los días. Pero en otras ocasiones, Él me pide el tiempo porque desea llenarnos. El deseo de estar juntos es de ambos, de nosotros y de Él. Como los esposos que se buscan; a veces yo busco a mi esposa para darle un abrazo o un beso y otras veces ella lo hace, pero el resultado es el mismo, un encuentro cariñoso.

La Palabra también nos dice que el Señor es celoso porque somos suyos. Cuando tienes comunión con las cosas del mundo, provocas los celos del Espíritu Santo. Sé inteligente y no hagas que sienta celos porque luego, ante las grandes dificultades, causadas por tu amistad con el mundo, recurres a Él para que te ayude. Entiende que le perteneces y tiene derecho a celarte porque con la sangre de Su Hijo pagó el precio por ti y todos nosotros.

Acercarse al Señor

Santiago 4: 7-8 asegura: Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

Todos queremos y necesitamos que Dios se acerque a nosotros, por eso debemos dar el primer paso y demostrarle que lo anhelamos. No pretendas que se acerque si tú te alejas dejándote llevar por el pecado. Luego caes en la trampa religiosa de pedir que alguien más ore por ti porque esa persona “está más cerca de Dios” que tú. Esa petición es una forma de reconocer que estás lejos de Dios ya que no puedes saber qué tan cerca está otra persona, pero sí puedes saber qué tan lejos estás tú. Tu conciencia te empuja a pedir intercesión sin darte cuenta que lo que debes hacer el acercarte al Señor para pedirle directamente que te ayude. Imagina que no tendrías motivación para santificarte si crees que puedes pecar y luego pedirle a otra persona que ore por ti para obtener lo que quieres. Esto es como pretender que te recompensen con un carro del año si no has alcanzado buenas notas en la universidad o si no tuviste buenos logros en tu trabajo. Incluso hay esposos que van a la iglesia con sus esposas y piensan que a través de la buena conducta de ellas serán bendecidos y podrán continuar con su vida desordenada e hipócrita.

No te confundas, acércate al Señor para que Él se acerque a ti.

Acercarse con humildad

Hay que acercarse a Dios con humildad, no con soberbia porque debemos reconocer quién es Él. Nadie pide la ayuda de un médico o un abogado exigiendo que le asesoren a domicilio. Cuando necesitas ayuda, acudes con respeto y dispuesto a hacer lo que sea por obtener lo que requieres.

A veces, el orgullo de una persona es tan grande que incluso reta a Dios para que se manifieste en su vida como condición para tener fe. Dice: “si esto es de Dios que me toque a mí”, como si tú fueras “Su prueba viviente”. ¡Cuidado con esa soberbia! Cuando busco Sus manifestaciones en mi vida, le digo: “no tienes que explicarme nada, solamente sorpréndeme porque no atentaré contra Tu soberanía”. Muchas personas dicen que la sanidad no es de Dios porque no les ha sucedido a ellos, como si Él tuviera que demostrar Su poder en ti para que millones crean. Si te acercas a Dios debe ser con humildad.

La palabra griega que se traduce en “soberbia” significa: “creerse por encima de otros. Ver a los demás por encima del hombro. Estimarse merecedor de todo más que todos. Despreciar a otros”. En el deporte sucede que cualquiera que subestima a un pequeño corre el riesgo de perder ante él, por grande que sea. Subestimar es un síntoma de soberbia.

La humildad es un requisito para acercarse a Dios. Cierta vez le dije a una persona: “Dios ya perdonó tus pecados, pero mientras tengas ese orgullo, los pecados volverán a aparecer”. Las personas orgullosas, prepotentes y altivas, jamás dejan de pecar. El Señor puede perdonar tus mentiras, sobornos, adulterios y fornicaciones, todo lo que hayas hecho y dicho, pero si no tratas tu orgullo, el pecado volverá. Sucedió con Adán que pecó por el deseo arrogante de querer ser como Dios aunque ya lo era, porque fue creado a Su imagen y semejanza. Luzbel, el ángel más bello del paraíso, el guardián y querubín, dijo con soberbia: “subiré y pondré mi trono a la par del de él”.

También recuerda que la humildad no tiene que ver con dinero. Muchas veces confundimos los términos, pero conozco gente pobre muy soberbia y gente con mucho dinero que tiene una gran humildad en su corazón.

Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Si queremos que visite nuestra casa, debemos pedirle que trate con nosotros hasta que seamos tan humildes como Él. Cuando dijo: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis paz para vuestras almas”, tenía razón porque no hay orgulloso que viva en paz y no hay humilde que no la tenga.

Acercarse con fe y confianza

Hebreos 11:6 afirma: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Hay un galardón para mi vida si le busco con fe y no con desconfianza. Muchas veces cuando oramos, nuestra oración es de desesperanza. Pídele convencido de que te dirá que sí, no con angustia, llorando, clamando, gimiendo porque el lloro, muchas veces es contrario a la fe.

Antes de una Noche de Gloria, me sucedió que pedía angustiado, con lágrimas en los ojos le rogaba que se manifestara ante los miles de personas que había llegado. Entonces me confrontó: “me pides como si fuera a negarme. Los amo, mandé a Mi Hijo a morir y por Su herida han sido curados, ¿cómo piensas que me haré de rogar para sanarlos?” Entonces me levanté, sequé mis lágrimas y cambié mi oración agradeciéndole por lo que sucedería esa noche. Él no se hace de rogar y debemos orarle convencidos de que obrará en nuestras vidas. De la misma forma que sales esperanzado de la consulta médica si te dicen que estás enfermo pero que todo saldrá bien.

Llega confiado ante Su presencia, así como vas a pedir trabajo con tu mejor cara aunque estés al borde de la desesperación porque te urge conseguir empleo. De tu fe depende la respuesta que recibas, debes motivar al Señor con tu actitud para conseguir tu milagro. Cuando vendes, no te acercas a los posibles compradores inspirando lástima como si pidieras limosna, por el contrario, los retas diciéndole que hay más personas interesadas y que deben decidirse a comprar. Para que Él se acerque debes demostrarle tu fe y convicción. Dile: “Señor, por Tu herida he sido sanado”. Acércate a Dios con humildad y fe porque la humildad no resta seguridad, sino que la afirma. Demuestra que sabes que el

Señor es más grande que tú y todos tus problemas juntos.

No se ora por el problema sino por la solución. No ores por la enfermedad sino por la sanidad. Ora con esa fe que es certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve. No oras por las crisis sino por las soluciones que se afianzan en la mente y el corazón. No ores con el espíritu del Chapulín Colorado a quien le preguntaban: ¿y ahora, quién podrá defenderme? Acércate a Dios con fe y certeza.

Acercarse sin doble ánimo

Santiago 1: 6-8 advierte: Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

De doble ánimo es como tener dos vidas dentro. Con la mitad de la mente piensa una cosa y todo lo contrario con la otra. Un día, estaba con un grupo de ministros religiosos que afirmaban que la prosperidad económica no venía de Dios, entonces yo les dije que seguramente venía del diablo, porque sólo esas dos opciones hay, es de aquí o de allá, de una o de la otra. Sin saber qué responder, me pidieron que los llevara al municipio de Almolonga para admirar el avivamiento que habían experimentado sus habitantes. Entonces les dije que no era conveniente que fueran porque iban a traumarse al ver los templos con pisos de mármol y la gran prosperidad que allí había, todo producto de la fe en el Señor y el ánimo sin dobleces.

Quizá no recibes lo que has pedido porque vives en doble ánimo, con tus oraciones expresas una cosa pero con tu estilo de vida expresas otra. Mucha gente dice que Dios prospera y bendice pero cuando lo demuestra en la vida de alguien, esa persona rápidamente es blanco de las críticas. No es posible ese doble ánimo de creer que Dios puede llevarnos lejos, que todo lo puede hacer y dar, para luego decir que es malo recibir Su bendición. Deja la hipocresía y enfrenta los retos. Muchas veces quieres empezar tu empresa y buscas Palabra que te lo profetice, pero cuando tienes la oportunidad frente a ti, actúas con temor y retrocedes. Lánzate siempre con fe y confianza.

Acercarse con sinceridad

Dile al Señor que te acercarás con humildad, certeza, sin doble ánimo y sinceridad. La falta de sinceridad no da resultado. En la Biblia tenemos algunos ejemplos de acercamientos poco sinceros: Nicodemo se acercó de noche para que no lo vieran y el Señor le dijo: “te es necesario nacer de nuevo”. Obviamente no hablaba de salir de nuevo del vientre materno sino de nacer en el Espíritu.

Otro ejemplo es la Samaritana que se resistió cuando Jesús le pidió de beber, pero cambió de actitud cuando Él le demostró que conocía su vida y pecados, sólo entonces creyó. Simón y los discípulos criticaron cuando María Magdalena se acercó a Jesús por detrás, le lavó los pies y lo ungió con perfume. Ellos pensaban que Jesús no sabía quién era ella, pero Él les recordó que ama más a quien más se le perdona, por lo que alabó la actitud de aquella que con sinceridad se le acercaba.

Acércate con sinceridad, convencido de que te conoce, te acepta y te ama. Ábrele tu corazón y pídele Su ayuda. Como la mujer que le pidió que sanara a su hijo de los demonios. Ella no creía y fue sincera, entonces Jesús hizo el milagro porque la mujer le pidió que le ayudara en su incredulidad.

Zaqueo se lleva la corona de la sinceridad y humildad. Era muy rico pero no fue prepotente y no repartió dinero para acercarse a Jesús, sino que se subió a un árbol. Cuando el Señor le dice que comerá con él, Zaqueo, emocionado prepara todo para recibirlo. Ya en su casa pide la palabra y dice que devolverá cuatro veces aquello que haya defraudado a alguien y entregará la mitad de sus bienes a los pobres. Entonces, Jesús afirma: “hoy ha llegado el Reino a esta casa”. Aprende para que esas sean Sus palabras al entrar en tu hogar.

Estamos a tiempo de lograr la humildad y sinceridad necesarias para acercarnos a Dios y recibir Sus bendiciones. Cambia tu actitud si reniegas de la situación y te preguntas porqué te suceden cosas malas. Mejor sé sincero, pídele que te perdone y ayude aunque has cometido errores que te han llevado a la crisis que afrontas. Reconoce que fuiste necio al desobedecer Sus consejos, tal vez no cuidaste el dinero de la empresa o te alejaste de tu familia. Al ver tu buena actitud, el Señor te dirá: “yo le doy gracia a los humildes, siéntate, estoy contigo todos los días de tu vida, no te desampararé y no te dejaré, cuéntame qué te sucede”.

Acercarse con confianza

Hebreos 4: 15-16 aconseja: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Acércate con confianza al trono pero no “confianzudo”, porque sin honra el Señor no obrará. No lo trates como “el jefe, el de arriba, el colocho”, hacerlo refleja soberbia y a Él le importa mucho cómo lo honras. Recuerda que no hizo milagros en Nazaret, donde dijeron “este es hijo de carpintero”. Es como pensar que te acercarás a la reina de Inglaterra diciendo palabras abusivas e irrespetuosas. Si eso es imposible, mucho más es pensar que te acercarás al trono de Su gracia sin demostrarle el respeto que merece. Demuéstrale que le honras como el Rey de reyes y

Señor de señores.

Acércate con confianza aunque sabes que has pecado y que luchas por salir del mundo. Dile que confías el Él como tu Salvador y estás convencido de que Su sangre te ha limpiado. Pídele que te ayude porque necesitas Su gracia para vivir y su apoyo en la tribulación. Esa mezcla de respeto y fe es perfecta.

Acercarse con adoración y ofrenda

2da. de Crónicas 29:31-33 nos cuenta: Y respondiendo Ezequías, dijo: Vosotros os habéis consagrado ahora a Jehová; acercaos, pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y todos los generosos de corazón trajeron holocaustos. Y fue el número de los holocaustos que trajo la congregación, setenta bueyes, cien carneros y doscientos corderos, todo para el holocausto de Jehová. Y las ofrendas fueron seiscientos bueyes y tres mil ovejas.

Debemos acercarnos adorando. En tu oración siempre adórale y dale gracias, aunque tengas poco tiempo para hacerla y estés apresurado. Quien le adora, difícilmente se convertirá en una persona soberbia.

Además, acércate listo para darle lo que le corresponde y acompaña tu adoración y alabanza con la ofrenda que le agrade. La Biblia nos habla de un holocausto impresionante, nada similar al de hoy día. Antes, seguro era traumático ver como todos los animales se sacrificaban y quemaban a la vista del pueblo.

Deuteronomio 16:16 culmina: Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías.

Siempre pensamos en lo que recibimos y no en lo que damos. El buen ofrendante, es aquel que sabe presentarse delante de Dios y prepara su ofrenda. Jesús preparó su cuerpo durante 33 años para ofrendarlo en la cruz del Calvario y salvarnos. La gente madura se acerca a Dios y sabe ofrendar porque entiende lo que está haciendo y para quién lo da.

No vayas a la iglesia sin preparar tu ofrenda, así como nunca sales de paseo o a un centro comercial sin la billetera. La Biblia dice que nadie se presente delante de Dios con las manos vacías.

Aprende a acercarte a Dios sin soberbia, con humildad, con fe y certeza, sin doblado ánimo, con sinceridad y confianza, además de alabanza y ofrenda. Si le pides que te ayude, Él volverá Sus ojos hacia ti y serás testigo de Su poderosa presencia en tu vida.

Por: Pastor Cash Luna