Estudios Bíblicos Nº 4 Jesús acusa a los
escribas - Marcos 12:38-40
(Mr
12:38-44) "Y les decía en su doctrina: Guardaos de los
escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones en las
plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las
cenas; que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas
oraciones. Estos recibirán mayor condenación."
"Guardaos de los escribas"
Después de tratar diferentes aspectos de la enseñanza
de los escribas, Jesús pasa ahora a considerar algunas de sus prácticas, porque
no hemos de olvidar que lo que creemos siempre condiciona lo que hacemos.
Así que en estos pocos versículos Marcos nos va a
presentar un resumen del largo discurso que encontramos en Mateo 23. Allí Jesús
analizó y condenó de forma muy severa la hipocresía de los escribas y los
fariseos, aunque no fue la única ocasión en que Jesús se dirigió al pueblo para
advertirles del serio peligro que corrían si seguían sus enseñanzas. Otro buen
ejemplo de esta denuncia lo podemos encontrar en el Sermón del Monte (Mateo
5-7). De allí podemos entresacar un versículo que nos puede servir para
entender la gravedad del asunto tal como el Señor lo veía:
(Mt
5:20) "Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los
escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos."
Tan peligrosa era la enseñanza y la práctica de los
escribas, que Jesús no dudó en advertir a las multitudes públicamente mientras
enseñaba en el templo. Lo que vino a decir es que no debían buscar orientación
espiritual de ellos, puesto que toda la exégesis que estos expertos hacían del
Antiguo Testamento era inválida y perversa. En otro momento Jesús lo expresó de
la siguiente manera:
(Lc
11:52) "¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque
habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los
que entraban se lo impedisteis."
Quizá nos sorprenda la actitud tan abiertamente hostil
que Jesús mostró constantemente contra los escribas y fariseos, sobre todo en
una época como la nuestra en la que en nombre de la tolerancia no son bien
vistas acusaciones tan directas, pero el Señor sufría viendo cómo el pueblo
sencillo era llevado a la condenación por esta causa. En esas circunstancias,
lo cruel habría sido permanecer callado. No hemos de olvidar que la Palabra nos
ha sido dada para nuestra salvación, pero que es posible torcerla y pervertirla
para nuestra destrucción (2
P 3:15-16), y siempre que veamos este tipo de cosas, debemos
seguir el ejemplo de Cristo.
Pero, ¿cómo habían llegado los escribas a este punto?
Bueno, no debemos pensar que estas personas entregadas al estudio y la
observancia de las leyes del Antiguo Testamento se habían propuesto
deliberadamente ser perversos y malos, más bien su intención era justo la
contraria. Sin embargo, en algún momento sus ojos se habían oscurecido por la
vanidad, la avaricia y la soberbia de su corazón, de tal manera que toda su
enseñanza se había corrompido. En el evangelio de Lucas encontramos que el
Señor usó una ilustración para describir este proceso antes de hacer sus duras
acusaciones contra ellos:
(Lc
11:34) "La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo
es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es
maligno, también tu cuerpo está en tinieblas."
De todas formas, lo peor del caso fue que cuando Jesús
les señaló el problema, en lugar de arrepentirse, se convirtieron en sus peores
enemigos y le persiguieron sin descanso.
El pecado de los escribas: buscaban su propia gloria
En el pasaje que estamos estudiando en Marcos, el
Señor resume el comportamiento de los escribas por medio de unas pocas
pinceladas para que nos demos cuenta de que el problema fundamental de estos
eruditos era que se perdían en su deseo de cosechar alabanzas para sí mismos y
en su ambición por tener predominio sobre los demás. El evangelista Juan
resumió su pecado de esta manera: "amaban más la gloria de los hombres que
la gloria de Dios" (Jn
12:43).
- Por un
lado, no se preocupaban en darle gloria a Dios, sino que la querían para
sí mismos. Daban culto a su propio ego y les obsesionaba conseguir
popularidad y fama.
- Pero
por otro lado, tampoco buscaban la aprobación de Dios, sino que sólo
deseaban la admiración de los hombres. Para ello hacían grandes alardes de
santidad en un intento permanente de conseguir reconocimiento religioso y
social.
La raíz del problema de estos religiosos es que su
corazón estaba muy lejos de Dios y por lo tanto, toda su escala de valores
estaba mal. Su actitud repercutió negativamente en cada aspecto de sus vidas, y
lo mismo ocurrirá a todos aquellos que sigan sus pisadas. Consideremos algunas
de las consecuencias:
1. Se convierte en un pecado de idolatría
Dios es el único que tiene el derecho de recibir la
gloria y la alabanza. Cuando el hombre busca recibir gloria de sus semejantes,
está usurpando un lugar que sólo le corresponde a Dios y por lo tanto, en la
práctica está negando que Dios es el único Dios, cometiendo un grave pecado de
idolatría.
2. Impide la conversión
Tan preocupados estaban por su propia gloria que les
impedía reconocer la gloria de Jesús y creer en él.
(Jn
5:44) "¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los
otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?"
3. Anula el testimonio
Los pocos de ellos que llegaron a creer en Cristo no
lo confesaban abiertamente porque no podían tolerar las burlas y el rechazo que
les vendría por ello.
(Jn
12:42-43) "Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos
creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser
expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la
gloria de Dios."
4. Arruina el ministerio
Todo predicador que esté más preocupado por agradar a
su auditorio que a Dios, jamás tendrá un ministerio bendecido por Dios. El
apóstol Pablo lo expresó de la siguiente manera:
(Ga
1:10) "Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato
de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería
siervo de Cristo."
5. Convierte la vida espiritual en algo superficial y
ostentoso
Sus deseos de atraer la admiración de los demás sobre
ellos mismos les llevaba a practicar la religión de una forma ostentosa. Jesús
describió la ridícula aparatosidad con la que daban limosna, oraban o ayunaban:
(Mt
6:2) "Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti,
como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados
por los hombres..."
(Mt
6:5) "Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el
orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos
de los hombres..."
(Mt
6:16) "Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos
demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan..."
Frente al deseo de los escribas y fariseos de llamar
la atención por cada cosa que hacían, Jesús enseñó que la verdadera piedad
cristiana es ante todo secreta. Cuando oramos debemos buscar un lugar donde no
nos vean, cuando ofrendamos debemos hacerlo de forma secreta, y cuando ayunamos
debemos evitar que los demás lo sepan.
6. Convierte los rituales externos en un sucedáneo de
la verdadera espiritualidad
La falsa santidad de estos fariseos tenía un efecto
muy nocivo sobre la gente que los observaba. Muchas personas sencillas estaban
impresionadas por la estricta devoción a los rituales externos con los que les
gustaba exhibirse, de tal manera que habían llegado a creer que ésa era la
verdadera santidad que Dios buscaba. Pero en realidad, todo ese énfasis por
cuidar su apariencia externa, sólo servía para ocultar su sucio corazón.
(Mt
23:25-26) "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro
estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de
dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio."
Tristemente, esta forma que ellos tenían de entender y
practicar la religión había arrastrado a muchos a una inmoralidad recubierta de
religiosidad, lo que los insensibilizaba frente al pecado y las denuncias de
Jesús.
7. Convierte al adorador en un actor
No había nada auténtico en su religiosidad. Como Jesús
había diagnosticado, sus corazones estaban muy lejos de Dios:
(Mt
15:7-8) "Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías,
cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de
mí."
Jesús les acusó en innumerables ocasiones por su
hipocresía. Se habían convertido en actores que aparentaban piedad en busca del
aplauso y el reconocimiento de la gente. Y como el mismo Señor explicó, ésta
iba a ser la única recompensa que iban a tener de toda su religiosidad.
8. Conduce a otros a la hipocresía
Como suele suceder frecuentemente con este tipo de
hipócritas religiosos, les gustaba mostrarse estrictos y exigentes con los
demás, tal vez porque pensaban que así crecía su propio prestigio, pero en
realidad, también en esto eran falsos, porque ellos mismos no cumplían lo que mandaban
a otros con tanto rigor:
(Mt
23:4) "Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre
los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas."
Todo esto es muy peligroso, porque al exigir a las
personas el cumplimiento de estas "cargas pesadas y difíciles de
llevar", tarde o temprano descubrirían que era una misión imposible de
cumplir, ante lo que tendrían dos opciones; o bien reconocer su fracaso a
riesgo de que les menospreciaran por ello, o lo que era mucho más probable,
convertirse en unos hipócritas como ellos y vivir constantemente en una mentira.
9. Hace que la persona se sienta superior
Su pretendida santidad y los conocimientos que creían
tener de la ley, les hacía sentirse superiores al resto del pueblo, al que
miraban con aires de superioridad. Por ejemplo, los publicanos y aquellos a los
que ellos consideraban pecadores notorios, estaban acostumbrados a sus
menosprecios, que por supuesto, no dudaban en devolverles. Y otro tanto
podríamos decir de su relación con los samaritanos y los gentiles. Aunque
también a la gente sencilla del pueblo los veían como ignorantes. Escuchemos
cómo se expresaban en sus reuniones: "Esta gente que no sabe la ley,
maldita es" (Jn
7:49).
10. Lleva a otros a la condenación
Jesús dijo que este énfasis que tenían en la
observación externa de la limpieza ceremonial, unido a su grave descuido de la
santidad interior, los convertía en sepulcros no señalados, de tal manera que
cualquier que entrara en contacto con ellos quedaría automáticamente
contaminado (Lc
11:44) (Nm
19:11-22).
Por lo tanto, su ceguera y su falta de vida espiritual
eran tanto suicidas como asesinas. No sólo ellos se iban al infierno, sino que
luchaban por llevarse a los demás con ellos.
(Mt
23:13) "Mas ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues
ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando."
(Mt
23:15) "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez
hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros."
Jesús era diferente
Frente a esta ridícula obsesión de los fariseos por
buscar la gloria para ellos mismos, sobresale el ejemplo contrario del Señor
Jesucristo.
(Jn
5:41) "Gloria de los hombres no recibo."
(Jn
8:50) "Yo no busco mi gloria"
El deseo manifiesto de Jesús era buscar la gloria de
su Padre y su aprobación.
(Jn
12:28) "Padre, glorifica tu nombre"
(Jn
17:4) "Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste
que hiciese"
Y nos enseñó que ésta debía ser también la prioridad
de nuestra vida. Veamos cómo enseñaban a sus discípulos a orar:
(Mt
6:9-10) "Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra..."
El comportamiento de los escribas
Con unas pocas pinceladas, el Señor describió el
comportamiento de los escribas.
1. "Gustan de andar con largas ropas"
La vestimenta que usaban era la de dignatarios de
reyes o sacerdotes, preparados para realizar funciones oficiales. Lo que Jesús
manifiesta es que hasta en su forma de vestir querían marcar la diferencia y
darse aires de grandeza.
Desgraciadamente, el uso de ropa religiosa de
diferentes clases sigue siendo una práctica muy extendida en bastantes
religiones, y sirve para manifestar su separación de lo que consideran la
"gente común" y también para establecer clases o niveles dentro de
los religiosos.
Pero el cristiano verdadero, siguiendo a su Maestro,
no emplea la ropa para distinguirse, sino la santidad de su vida.
2. "Aman las salutaciones en las plazas"
Les gustaba llamar la atención y que la gente
reconociera públicamente su dignidad. Por esto el evangelio de Mateo añade:
"Y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí" (Mt
23:7).
Este gusto por los títulos no debería haber entrado en
la iglesia de Cristo, pero el hecho es que no ha sido así. El Señor no quería
que hubiera diferencias entre los cristianos, y por eso dijo: "Pero
vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el
Cristo, y todos vosotros sois hermanos" (Mt
23:8).
Evidentemente las iglesias que hacen diferencias entre
el clero y los laicos, o que asignan diferentes títulos en función de la
"categoría" que ocupan dentro de una jerarquía, no han seguido las
directrices de Cristo en este sentido, sino que más bien están en la línea de
los escribas y fariseos. Y no olvidemos que Jesús prohibió expresamente que los
cristianos llamemos "padre" a nadie en la tierra (Mt
23:9).
Y también las iglesias protestantes deben tener
cuidado con esta tendencia. Es triste ver cómo algunos han adoptado el nombre
de ciertos líderes del pasado y se hacen llamar "luteranos" o
"calvinistas"... Tal vez sería conveniente recordar que esto sólo sirve
para dividir al pueblo de Cristo. El apóstol Pablo tuvo que enfrentarse con un
problema similar en la iglesia en Corinto donde algunos decían: "yo soy de
Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo" (1
Co 1:12). Es importante leer el contexto para ver la
reprensión que Pablo les hizo por tener esta actitud.
Por otro lado, entre los evangélicos modernos, algunas
de las palabras que la Biblia utiliza para describir diferentes dones y
servicios que se deben desarrollar dentro de la iglesia con toda humildad,
parecen estar perdiendo su valor original y han comenzado a ser considerados en
muchas ocasiones como títulos que aportan prestigio y reconocimiento a la
persona. Este parece ser el caso de palabras como "pastor" y
"apóstol".
3. "Aman las primeras sillas en las
sinagogas"
Se trataba de los asientos delanteros situados junto
al que dirigía la oración o el que leía las Escrituras. Se consideraba un honor
ser invitado a ocupar ese lugar, y por supuesto, los escribas
"amaban" estar sentados allí.
Ahora bien, cuando una persona asiste a un acto
religioso con el propósito de engrandecerse a sí mismo, es imposible que al
mismo tiempo esté buscando la gloria de Dios.
Santiago condenó el pecado de asignar los mejores
asientos a los ricos mientras se decía al pobre que estuviese de pie o sentado
al estrado de alguien (Stg
2:2-3). Nuevamente debemos recordar el principio de igualdad
entre hermanos dentro de la iglesia de Cristo.
4. "Aman los primeros asientos en las cenas"
El Señor ya ha mencionado "las plazas",
"las sinagogas" y ahora "las cenas". Lo que está intentando
mostrar es que el deseo de sobresalir y ser elogiados por los hombres, estaba
presente en toda la conducta pública de los escribas.
Al respecto, los cristianos debemos recordar la
amonestación que Jesús hizo sobre el buscar los lugares más honorables en un
banquete o cena (Lc
14:8).
5. "Devoran las casas de las viudas y por
pretexto hacen largas oraciones"
A continuación Jesús los describe engordándose en las
casas de estas mujeres solitarias y desprotegidas. No sabemos con exactitud qué
era lo que buscaban, pero el Señor condena el abuso que cometían y una vez más
pone en evidencia su hipocresía y codicia. Tales personas no eran dignas de
confianza.
Además, el caso sirve a Jesús para poner otro ejemplo
más de cómo los escribas utilizaban la religión como una "tapadera"
para disipar toda sospecha y llevar a cabo con tranquilidad sus robos.
Desgraciadamente esta es una especie que todavía no se ha extinguido.
Una tendencia de todos los tiempos
Sin duda era muy grave que para satisfacer sus deseos
de vanidad, estos religiosos no tuvieran ningún tipo de reparo en usar las
cosas santas de Dios, y han quedado como un ejemplo histórico de cómo la
religión se puede usar para promover el orgullo personal y la codicia. Pero
este mismo espíritu farisaico sigue acechando hoy día a todo hombre. Si somos
honestos, tenemos que reconocer que esas mismas ansias que ellos sentían por el
elogio humano y el aplauso, están profundamente arraigadas en nuestra
naturaleza caída. Y nos conviene detenernos para reflexionar hasta qué punto
esta sutil tentación se puede haber introducido en nuestra propia vida o en
nuestra forma de practicar el cristianismo. Para ello ponemos algunos ejemplos
en los que podemos meditar.
- Cuando
practicamos cosas como las ofrendas, la oración o el ayuno, ¿tenemos la
necesidad de contárselo a los demás, o sólo Dios conoce estos detalles de
nuestra vida espiritual?
- ¿Damos
testimonio del Señor Jesús, o nos callamos porque pensamos que otros nos
van a ridiculizar y van a tener una opinión más pobre de nosotros?
- Cuando
realizamos un servicio para el Señor en la iglesia, ¿buscamos servir a los
hermanos y glorificar a Dios o queremos ser vistos y admirados por los
demás?
- Cuando
un pastor atiende una iglesia, ¿qué le preocupa más, las almas o las
ofrendas?
- Cuando
organizamos una reunión evangelística, ¿nuestra publicidad ensalza al
predicador o al Señor Jesucristo?
"Estos recibirán mayor condenación"
El Señor terminó su resumen con estas fuertes
palabras. Como hemos visto, la responsabilidad de los escribas era muy grande;
sus enseñanzas y actitudes estaban llevando a otros a la condenación, y esto
les hacía doblemente responsables.
Ellos tenían todos los medios a su disposición para
conocer a Dios y para guiar al pueblo, pero su falta de humildad, sinceridad y
amor estaban alejando a las personas de Dios. Por lo tanto, la retribución que
recibirían sería mucho más severa.
Conclusiones
El pasaje nos obliga a examinarnos honestamente a
nosotros mismos preguntándonos cuáles son los motivos que nos mueven a hacer
las cosas. Finalmente encontraremos que sólo hay dos ambiciones que controlan
todas las demás: una es nuestra propia gloria y la otra es la gloria de Dios.
Ambas son irreconciliables, así que obligatoriamente tendremos que elegir sólo
una de ellas.
Con su ejemplo, el Señor Jesucristo nos ha exhortado a
dar nuestra gloria y alabanza sólo a Dios y a esforzarnos por buscar su
aprobación, esperando que sea él y no los hombres quienes digan: "bien,
buen siervo y fiel" (Mt
25:21). Por el contrario, si recibimos gloria de los
hombres, o nos tomamos la libertad de dar gloria a los hombres, estaremos
usurpando una prerrogativa divina y colocando a los hombres en el lugar de
Dios.
Por otro lado, el Señor nos ha advertido también
contra el anhelo pecaminoso de querer ser "alguien", de buscar el
llegar a ser prominentes y de buscar recibir honra sobre todos los demás. El
verdadero seguidor de Cristo no es pretencioso, sino que está dispuesto a ser
el menor y a servir a todos. En este momento debemos volver a recordar las
palabras de Cristo:
(Mr
10:44-45) "El que de vosotros quiera ser el primero, será
siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para
servir y para dar su vida en rescate por muchos."
Y por último, sea cual sea nuestra vida espiritual, no
nos cubramos con ningún manto. Seamos francos, honrados y honestos en nuestra
práctica del cristianismo. Entendiendo que todo cambio necesario debe
originarse en el interior de nuestro corazón y no ser simplemente una
apariencia religiosa externa.
Preguntas
1. Jesús criticó muy duramente a los escribas. ¿Le parece
justificada su actitud? Razone su respuesta.
2. ¿Cuál cree que era la raíz del pecado de los
escribas? Ponga algunos ejemplos justificándolos con citas bíblicas.
3. Explique con sus propias palabras cuáles eran a su
juicio las consecuencias más graves de la actitud de los escribas.
4. ¿De qué forma el Señor Jesucristo manifestó que era
completamente diferente a los escribas? Justifique su respuesta con ejemplos
bíblicos.
5. ¿De qué manera cree que se puede manifestar la
actitud de los escribas en el cristianismo contemporáneo? Ponga varios
ejemplos.
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