Estudios Bíblicos Nº 3 La ofrenda de la
viuda - Marcos 12:41-44
(Mr
12:41-44) "Estando Jesús sentado delante del arca de la
ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban
mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces
llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre
echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo
que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su
sustento."
Introducción
1. La conexión con el pasaje anterior
En el pasaje anterior Jesús acababa de denunciar a los
escribas porque "devoraban las casas de las viudas y por pretexto hacían
largas oraciones" (Mr
12:40), y ahora, en acusado contraste con la avaricia de los
escribas, llama nuestra atención sobre la devoción de una viuda.
Muy probablemente esta viuda era consciente de que los
escribas eran de ese tipo de personas que habían escogido la religión como una
profesión para conseguir ganancias deshonestas (1
Ti 6:5), sin embargo, este hecho no le desanimó en su deseo
de dedicarse a Dios con todo lo que tenía. Y sin duda, este es un buen ejemplo
que todos nosotros debemos tomar en cuenta, porque con frecuencia las personas
a nuestro alrededor nos pueden desanimar en nuestro deseo de servir a Dios.
2. El tema del dinero en los evangelios
Por otro lado, es sorprendente ver lo mucho que Jesús
trata sobre el tema del dinero y lo que hacemos con él. A continuación
mostramos algunos ejemplos que pueden ser completados con muchos otros en los
evangelios:
- En la
parábola del hijo pródigo (Lc 15:11-32) y del mayordomo infiel (Lc 16:1-15) Jesús presentó a dos hombres que malgastaron un
dinero que no era suyo.
- En la
historia del rico y Lázaro (Lc 16:19-31) advirtió del peligro de usar mal las riquezas,
como un fin en sí mismas.
- El
joven rico se apartó de la vida eterna porque amaba más sus posesiones (Mr 10:17-31).
- Cuando
Zaqueo el publicano se convirtió, inmediatamente decidió entregar la mitad
de sus bienes a los pobres y devolver todo aquello que hubiera defraudado (Lc 19:1-10).
- Cuando
un hombre le pidió a Jesús que actuara de juez para que su hermano
repartiera con él su herencia (Lc 12:13-21), le advirtió del pecado de la avaricia y de la
insensatez de confiar en las riquezas. Además explicó que las riquezas
materiales son de mínima importancia en comparación con las espirituales.
- En la parábola
del fariseo y el publicano (Lc 18:9-14), Jesús condenó la falsa religiosidad del fariseo
que orando en el templo alardeaba de que daba diezmos de todo lo que
ganaba.
- La
parábola de las diez minas (Lc 19:11-27) y en la de los talentos (Mt 25:14-30) nos presentan a unos siervos a los que se les
confían diferentes bienes y después son llamados a rendir cuentas sobre
ellos. La forma en la que los utilizaron determinó la recompensa que
recibieron.
- También
enseñó que nadie podría ser su discípulo a menos que renunciara a todo lo
que poseía (Lc 14:33).
- Y
exhortó a sus discípulos a hacerse tesoros en el cielo porque esa es la
única manera de no perderlos con la muerte (Lc 12:32-34) (Mt 6:20).
3. La importancia del tema del dinero
La razón por la que el dinero resulta tan crucial para
Jesús es porque en todas las épocas y culturas ha representado la alternativa a
Dios en nuestros corazones. Por eso, la forma en la que usamos el dinero dice
mucho sobre nuestro estado espiritual.
(Lc
16:13) "Ningún siervo puede servir a dos señores;
porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará
al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas."
(Lc
12:34) "Porque donde está vuestro tesoro, allí estará
también vuestro corazón"
(2
Ti 6:10) "Porque raíz de todos los males es el amor al
dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron
traspasados de muchos dolores."
"Jesús miraba cómo el pueblo echaba dinero en el
arca"
Parece que después de que los fariseos, saduceos,
herodianos y escribas habían terminado con su ronda de preguntas, y se habían
apartado derrotados, Jesús se sentó cansado en un lugar del templo desde el que
se podía ver a las personas mientras echaban sus ofrendas.
Esto nos recuerda que aunque nuestras ofrendas deben
ser secretas, hasta el punto de que nuestra mano izquierda no debe saber lo que
hace la derecha (Mt
6:3), sin embargo, debemos ser conscientes de que Dios siempre está mirando lo
que ofrendamos.
"Muchos ricos echaban mucho"
Lo primero que Jesús observó es que los ricos echaban
mucho dinero. Por supuesto, esto era razonable y Jesús no lo criticó. Sin
embargo, no despertó su admiración como más tarde hizo la ofrenda de una viuda
pobre. La razón estaba, como Jesús explicó, en que las ofrendas de estos ricos
no representaba ningún sacrificio para ellos, sino que daban de lo que les
sobraba de su abundancia.
"Una viuda pobre"
Fue entonces cuando se acercó una viuda para presentar
su ofrenda. Pero antes de que consideremos lo que hizo, debemos recordar
algunos detalles sobre la vida de estas mujeres en la sociedad judía de los
tiempos de Jesús.
Lo primero que notamos es que Jesús mostró mucho
interés por la situación de las viudas. La razón estaba en que una vez que sus
maridos morían, ellas quedaban en una difícil situación de desamparo y
abandono. Ya sabemos que en el mundo antiguo no existían pensiones para las
viudas ni seguro social alguno, además era muy difícil que pudieran entrar en
el mundo laboral, así que, a no ser que dispusieran de medios económicos
propios, su vida se volvía muy complicada. Por supuesto, si tenían algún hijo
mayor, o parientes que se hicieran cargo de ellas, podrían pasarlo menos mal.
Pero aun suponiendo que tuvieran alguna fuente de
ingresos o propiedades, con frecuencia caían en manos de hombres poco
escrupulosos, dispuestos a robarles y engañarles (Mr
12:40). Y los propios jueces no eran muy favorables a
atender sus causas (Lc
18:1-5).
Por lo tanto, las viudas dependían de la misericordia
de la gente. En este sentido, el Antiguo Testamento establecía diferentes
mandamientos para que el israelita cuidara de ellas, algo que volvió a
repetirse en el cristianismo (1
Ti 5:3-10).
En resumidas cuentas, la condición de las viudas era
muy dura y digna de lástima. Y no es de extrañar que como resultado de su
necesidad y desamparo, muchas de ellas fueran llevadas a una mayor dependencia
de Dios y a un uso más constante de la oración que la mayoría de nosotros (Lc
2:36-38).
"Una viuda pobre echó dos blancas"
Ahora el texto bíblico introduce a una viuda que echó
dos blancas. Estas monedas serían el equivalente a la fracción más pequeña de
cualquier moneda de la actualidad. Su valor como tal era insignificante.
Pero la acción de esta mujer, junto con el comentario
de Jesús, ha inspirado a miles de personas a seguir su ejemplo, lo que ha
servido para multiplicar aquella pequeña ofrenda de una forma incalculable. Con
esto se confirma que Dios siempre hace grandes cosas con los pequeños recursos
que son puestos en sus manos. Esto nos debería llevar a dar valor a los actos
de humilde servicio de aquellos hermanos sencillos, y a ignorar la falsa
grandeza de otros.
Por otro lado, debemos recordar también el importante
principio que el Señor nos enseñó: "El que es fiel en lo muy poco, también
en lo más es fiel" (Lc
16:10). La buena administración de los pequeños recursos que
Dios ha puesto en nuestras manos, nos capacitará para recibir del Señor
responsabilidades más grandes.
"Esta viuda pobre echó más que todos"
Lo que esta viuda hizo fue tan importante a los ojos
de Jesús que llamó a sus discípulos para que se fijaran en ello. Seguramente
para el resto de las personas allí presentes, la ofrenda de esta mujer pasó
desapercibida y carecía de importancia, pero no para Jesús.
Es interesante notar que a pesar de los graves abusos
que se cometían en la religión de Israel, el Señor veía y valoraba la devoción
genuina que se daba entre muchos individuos particulares.
Luego Jesús hizo una afirmación sorprendente:
"Esta viuda pobre echó más que todos". ¿Cómo podía ser si muchos
ricos antes que ella habían echado mucho? La razón está en que el Señor no mira
la cantidad del donativo, sino el corazón con que se da. En este sentido, este
pasaje tiene mucho que enseñarnos. Veamos algunos de los principios que
encontramos aquí que nos enseñan cómo debe ser una ofrenda agradable a Dios.
1. Voluntariamente, no por obligación
Lo primero que percibimos de la ofrenda de esta viuda
es que dio todo lo que tenía. Y en ninguna parte de la Ley se exigía tal cosa.
Por lo tanto, su ofrenda fue voluntaria, no por obligación o bajo presión.
Pablo exhortó a los creyentes en Corinto en el mismo sentido:
(2
Co 9:5) "Como de generosidad, y no como de exigencia
nuestra"
(2
Co 9:7) "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con
tristeza, ni por necesidad..."
2. Rindiendo primero el corazón
Ya hemos dicho que Dios mira el corazón del dador, por
eso, si primero no hemos puesto todo nuestro ser sobre el altar para él, todo
lo demás no tendrá ningún valor.
El hecho de que la viuda entregara todo su sustento
implicaba necesariamente que confiaba y dependía enteramente del Señor.
Pablo elogió el ejemplo de los macedonios en este
mismo sentido:
(2
Co 8:5) "A sí mismos se dieron primeramente al Señor, y
luego a nosotros por la voluntad de Dios"
Cuando el corazón ha sido entregado al Señor, ya no es
necesario apremiar a los creyentes mediante relatos conmovedores, calculados
para tocar sus emociones, ni mediante trucos astutos pensados para sacarles
todo lo posible.
No olvidemos que Dios en realidad no quiere nuestro
dinero, sino a nosotros mismos. Y esto fue precisamente lo que tuvo de especial
la ofrenda de esta viuda.
En algunos círculos se enfatiza demasiado la cuestión
de entregar a Dios el diezmo, y parece que inmediatamente el noventa por ciento
restante queda para que la persona haga con ello lo que le plazca. Pero no
debemos olvidar que o entregamos a Dios nuestra vida entera o él no recibe
ninguna parte. Por lo tanto, somos responsables de dar un buen uso a todo lo
que Dios nos da.
3. Por amor al Señor
La mujer amaba al Señor su Dios con todo su corazón,
con toda su alma, con todas sus fuerzas y con toda su mente, y por eso entregó
todo su dinero. ¿Qué otra explicación podríamos encontrar a su generosa
ofrenda?
Con su ofrenda la mujer expresó su convicción de que
todo lo que tenía le pertenecía al Señor, y que él es digno de todo. Por eso se
lo ofreció con todo su amor.
La manera en la que ofrendamos demuestra el tipo de
creyentes que somos y también lo que pensamos acerca del Señor.
4. Con sacrificio y abnegación
La viuda dio "todo su sustento". No dio de
lo que le sobraba, como habían hecho antes que ella los ricos, sino que entregó
algo que necesitaba para vivir.
El rey David expresó el mismo principio:
(2
S 24:24) "... Porque no ofreceré a Jehová mi Dios
holocaustos que no me cuesten nada..."
5. Debemos ofrendar en medio de riquezas o de pobreza
Algunas veces podemos sentirnos tentados a pensar que
sólo los ricos deben dar, pero en este pasaje Jesús centra toda su atención
sobre la ofrenda de la viuda pobre.
Con mucha facilidad ésta puede llegar a ser la
mentalidad de aquellos países que en otros ámbitos dependen constantemente de
las subvenciones extranjeras. Pero en el reino de Dios esto tiene que ser
diferente.
Dios no priva a los pobres del gozo de compartir con
otros de su pequeña porción.
Tomemos como ejemplo a los macedonios de los que
escribía Pablo, que aun estando bajo pruebas y tribulaciones, aun así fueron
generosos en sus ofrendas.
(2
Co 8:2) "... En grande prueba de tribulación... y su
profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad"
Y otro tanto podríamos decir de la viuda de Sarepta de
Sidón, que tenía que raspar el fondo de la tinaja, pero que aun así entregó lo
que tenía al profeta (1
R 17:12).
6. Dando lo mejor
Sin lugar a dudas, la viuda dio lo mejor que tenía, de
hecho dio todo lo que tenía.
Ella no tuvo que escuchar la reprensión que el profeta
Malaquías dirigió a los judíos de su tiempo.
(Mal
1:13-14) "Habéis además dicho: ¡Oh, qué fastidio es esto!
Y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, o
cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano?
Dice Jehová. Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño,
promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de
los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones."
7. Con generosidad
Tampoco hay duda de que la viuda dio generosamente. De
hecho, algunas de las ofrendas del templo iban destinadas a las viudas y los
pobres, por lo tanto, esta mujer, a pesar de su extrema pobreza, se mostraba
generosa con los demás.
Con el fin de inculcar a los corintios los benditos
resultados de la generosidad, Pablo empleó una metáfora sacada de la
agricultura: la de la siembra y la siega. Por medio de ella muestra que la
sustancia dada ni se pierde ni se desperdicia, sino que se transforma en una
abundante cosecha. Es una ley inmutable de la naturaleza que si un labrador se
siente remiso a separarse de su grano y siembra escasamente, tendrá que sufrir
el desengaño de una miserable cosecha. En cambio, una siembra abundante
producirá una cosecha abundante.
(2
Co 9:6) "El que siembra escasamente, también segará
escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también
segará".
Por otro lado, no debemos ofrendar pensando en la
recompensa, sino en el beneficio del reino de Dios y de aquellos que están
necesitados. Cuando no lo hacemos de esta forma, la ofrenda se vuelve egoísta y
deja de ser agradable a Dios. En este sentido es importante tener cuidado con
el enfoque que en algunas partes se hace con el diezmo como una forma de
"comprar" el favor de Dios. No olvidemos que las bendiciones de Dios
no se compran, son siempre por gracia. Meditemos bien sobre nuestras verdaderas
motivaciones al ofrendar.
8. Con fe y confianza en el Señor
Algunos no dudarían en acusar a esta mujer de no hacer
previsión para el futuro y de que al ofrendar de esta forma estaba poniendo en
serio peligro su ya maltrecha economía.
Y es cierto que para las mentes racionalistas no puede
ser entendido de otra manera, pero ella, en su condición de viuda, era una
mujer que confiaba y dependía absolutamente de Dios y de su provisión divina.
Pero claro está, vivir por fe requiere conocer y
confiar en Dios. Sólo de esta manera podemos llegar a ser libres del temor que
nos produce la posibilidad de llegar a perder la seguridad y las comodidades
que pensamos que el dinero nos ofrece.
Para esto es necesario confiar en la palabra del Señor
que ha prometido cuidar de aquellos que buscan su reino en primer lugar.
(Mt
6:33) "Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas."
Reflexiones
Cuando ofrendamos correctamente, esto es algo
excelente y muy agradable a los ojos de Dios. Sin embargo, es fácil admirar a
esta mujer pero no seguir su ejemplo.
Muchos creyentes gastan mucho dinero cuando se trata
de ellos mismos, pero les duele todo lo que pudieran emplear en agradar a Dios.
Sin duda, esta es una enfermedad del corazón contra la que el Señor advirtió en
muchas ocasiones.
Al ofrendar debemos tener a Cristo y su entrega por
nosotros como nuestro ejemplo supremo:
(Ef
5:2) "Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo
por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante"
(2
Co 8:9) "Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor
Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que
vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos."
Preguntas
1. Como hemos visto, Jesús hizo muchas referencias a
las riquezas durante su ministerio. Resuma algunas de las ideas esenciales que
podemos aprender.
2. Razone en la diferencia fundamental que hubo entre
la ofrenda de la viuda y la de los ricos.
3. ¿Qué cosas caracterizaban a las viudas que
encontramos en los evangelios? Explique su respuesta con sus propias palabras.
4. Haga una relación de algunas de las características
que debe cumplir una ofrenda para que sea agradable a Dios. Explíquelas
brevemente.
5. En relación al tema que estamos estudiando, ¿qué
podemos aprender de la forma en la que Cristo se entregó?
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