Estudios Bíblicos Nº 8 La cuestión del
tributo - Marcos 12:13-17
(Mr
12:13-17) "Y le enviaron algunos de los fariseos y de los
herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. Viniendo ellos, le
dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie;
porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el
camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?
Traedme la moneda para que la vea. Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién
es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. Respondiendo
Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y
se maravillaron de él."
Introducción
Nos encontramos en la última semana antes del tremendo
desenlace de la cruz. Cristo se hallaba rodeado de la maldad y de las maquinaciones
de sus enemigos que buscaban por todos los medios la forma de desacreditarle
ante el pueblo y destruirle. Por esta razón, a lo largo de estos pasajes vemos
cómo los diferentes grupos del judaísmo se presentan ante Jesús con preguntas
maliciosas que tienen como único fin tenderle una trampa en la que poder
atraparlo. Sin embargo, a pesar de ello, su figura se acrecienta, manifestando
con especial realce su autoridad espiritual.
En el pasaje que estudiamos ahora, veremos cómo dos
grupos rivales del judaísmo se unieron para presentarle una pregunta sobre un
tema que mantenía dividida a la sociedad judía de su tiempo: la cuestión del
pago del impuesto a Roma.
Sin duda, su propósito era enfrentarlo con las
multitudes o con el poder político de Roma. Pero Cristo, no sólo salió airoso
de la situación, sino que aprovechó la ocasión para continuar su enseñanza
sobre el tema de la autoridad. En los pasajes anteriores hemos visto la
autoridad de Cristo frente a los gobernantes religiosos del judaísmo, mientras
que ahora vamos a considerar su autoridad frente a los poderes políticos de su
día.
Veremos también que otro tema que se nos presenta aquí
es si Jesús era un "rebelde político" y si establecería su Reino por
medio de un llamamiento a la desobediencia civil. Sin lugar a dudas, estos
temas siguen siendo de mucha actualidad en nuestros días.
"Le enviaron algunos de los fariseos y de los
herodianos"
Mientras enseñaba en el templo, Jesús fue abordado por
una extraña delegación. A más de uno le resultaría sorprendente ver llegar
juntos a un grupo de fariseos con otro de herodianos. No debemos olvidar que
existía una profunda enemistad entre ambos. Mientras que los herodianos
constituían un partido político que apoyaba al gobierno de Roma y a la dinastía
de Herodes, simpatizando además con los valores de la cultura helenista, los
fariseos por el contrario eran una secta religiosa del judaísmo que se
caracterizaban por su patriotismo y por defender los principios de la Ley de
Dios conforme a la tradición de los ancianos. Difícilmente podríamos
imaginarnos dos grupos más opuestos, pero sin embargo, dejaron a un lado sus
diferencias y se aliaron contra Jesús porque lo veían como un mayor oponente. Y
por supuesto, ésta no fue la última ocasión en la que el poder religioso y el
político se han unido contra Cristo y su Evangelio.
La pregunta
1. El propósito de la pregunta
Primeramente notemos cuáles eran las intenciones
reales de su pregunta. Ellos no deseaban aprender de Jesús, ni tampoco tenían
un deseo genuino de resolver alguna cuestión ética o moral que les preocupara.
De hecho, a pesar del lenguaje que emplearon en su planteamiento, ninguno de
ellos aceptaba la autoridad espiritual de Jesús, ni estaban dispuestos a seguir
sus indicaciones.
Quedaba claro que tenían segundas intenciones, y que
su propósito era tenderle una trampa, inducirle a decir algo que pudiesen
emplear más tarde para acusarle. Y el Señor Jesús percibió esta maldad e
hipocresía en sus opositores.
2. La forma en la que presentaron la pregunta
Antes de presentar su pregunta, hicieron varias
afirmaciones acerca de la forma de enseñar de Jesús que eran ciertas y que
siguen siendo un modelo a seguir por todos nosotros.
- "Maestro,
sabemos que eres un hombre veraz... que con verdad enseñas el camino de
Dios". Le reconocían como un Maestro que enseñaba el camino de Dios
con verdad.
- "Que
no te cuidas de nadie". Admitían también que no se dejaba sobornar
por nadie, sino que era fiel a Dios en su enseñanza, no acomodando su
mensaje a lo que agradaba a la gente. Es decir, era independiente en su
juicio y sólo actuaba en conciencia ante Dios, sin que influyeran en su
enseñanza lo que pensaran sus amigos o sus enemigos.
- "No
miras la apariencia de los hombres". Siempre enseñaba lo mismo, sin
importarle con quien hablara. Para él era lo mismo tratar con un pobre que
con un rico, con un sabio que con un ignorante, con un amo o con un
esclavo.
Sin embargo, en los labios de aquellos hombres, estas
grandes verdades se convertían en una adulación repugnante e hipócrita. Su
verdadero propósito era disipar las sospechas que pudiera tener Jesús y
comprometerle a dar una respuesta con la que perdiera toda su reputación ante
el pueblo o le enfrentara con el gobierno romano. De alguna manera querían forzarle
a manifestar su pensamiento sobre un tema muy conflictivo sin temor a los
presentes.
Pero no se dieron cuenta de que sus palabras se
volvían contra ellos mismos, pues al reconocerle como un Maestro que enseñaba
con verdad el camino de Dios, mientras que no estuvieran dispuestos a sujetarse
ni a su enseñanza ni a su autoridad, se hacían culpables.
Dicho todo esto en cuanto a la situación por la que
atravesó Jesús, no estará de más que nosotros mismos recordemos que debemos ser
especialmente cautelosos cuando la gente nos lisonjea. Tengamos cuidado, porque
por lo general, los halagos vienen con un dardo venenoso detrás de ellos.
"¿Es lícito dar tributo a César?"
Después de una introducción llena de halagos,
finalmente hicieron su petición. Como ya hemos dicho, podríamos pensar que
tenían una auténtica preocupación sobre un tema difícil para el que querían
recabar la opinión de Jesús con el fin de recibir orientación, pero la realidad
era muy diferente; toda la sociedad judía era muy sensible frente al asunto del
tributo a Roma, y por eso despertaba las opiniones más enfrentadas, así que lo
usaron con el fin crearle problemas y destruirle. Veamos algunas de las razones
por las que el pago obligatorio de impuestos a los romanos era
comprensiblemente muy impopular para muchos judíos.
- Primeramente,
les ocurría lo que a todo el mundo, y es que a nadie le gusta pagar
impuestos por razones meramente económicas.
- Pero en
su caso se agravaba por sentimientos nacionalistas. El asunto les
recordaba a los judíos que eran una nación vasalla, conquistada por el
Imperio de Roma. Para muchos de ellos, pagar el tributo suponía aceptar
como legítimo el dominio romano, y eso era algo a lo que no estaban
dispuestos.
- Y por
otro lado, intervenían también cuestiones religiosas. No debemos olvidar
que la moneda usada para pagar el tributo llevaba la imagen del emperador,
quien se atribuía carácter divino y pretendía tener autoridad suprema
tanto en asuntos políticos como en los espirituales.
A la vista de todo esto, no es difícil darnos cuenta
de que la pregunta había sido formulada con verdadera astucia y estaba pensada
para ponerle entre la espada y la pared.
- Si
aceptaba pagar el impuesto, inmediatamente sería acusado de antipatriota y
de llevar a las multitudes a la sujeción a Roma. Algunos añadirían también
que con esa actitud estaría ofendiendo a Dios, que era el único al que se
debía pagar todo tributo, y eso sin contar la imagen del emperador y la
inscripción que había en la moneda empleada para el pago del tributo que a
todas luces resultaba blasfema. Pero aún había mas: los profetas habían
anunciado claramente que cuando viniera el Mesías, Dios concedería a
Israel una liberación completa del dominio gentil por medio de él. ¿Era
Jesús el Mesías esperado? ¿Pero cómo podría ser el Mesías si les mandaba
pagar un impuesto gentil?
- Y por
otro lado, si se hubiera negado a pagar el impuesto, no hay duda de que
los mismos herodianos lo habrían llevado ante el gobernador romano Poncio
Pilato denunciándole como un demagogo que incitaba al pueblo a rebelarse
contra la autoridad de Roma.
Pero la cuestión suscitada en este pasaje nos lleva a
preguntarnos también por otros temas.
- En
otros estudios hemos considerado que el Señor Jesucristo enseñaba
reiteradamente a sus discípulos que él no iba a establecer su Reino
dirigiendo un levantamiento armado que terminara con el poder opresor de
Roma, pero podía quedar la duda de si él pretendía liberar a su pueblo por
medio de la desobediencia civil, una desobediencia no violenta al estilo de
Gandhi.
- Otros
muchos se siguen preguntando hoy día si un creyente debe pagar impuestos a
un gobierno que hace un mal uso de ellos. ¿Es justo pagar ese dinero que
hemos ganado con tanto esfuerzo a un gobierno que en muchas ocasiones lo
derrocha y en otras lo usa para un propósito al que como cristianos nos
oponemos totalmente?
- Por
otro lado, si su Reino no se iba a manifestar inmediatamente de forma
visible, ¿cuál sería la relación de ese Reino con los otros reinos de este
mundo? ¿Y cómo afecta esto a sus súbditos?
"¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que
la vea"
El Señor se dio cuenta del dilema en el que querían
meterlo, pero no por eso eludió la pregunta. Sin embargo, antes de
contestarles, pidió que ellos le dejaran una de las monedas con las que se
pagaba el tributo. Al hacer esto, Jesús tenía una doble intención:
- Por un
lado quería poner de manifiesto que ellos estaban usando esta moneda en la
vida cotidiana, y esto era así porque les resultaba muy útil en sus
negocios, por lo tanto, si se beneficiaban con su uso, en consecuencia
debían aceptar también las obligaciones resultantes y pagar los impuestos
sin esconderse detrás de motivos religiosos. Ellos tenían que darse cuenta
de que desde el momento en que habían empezado a utilizar la moneda
romana, implícitamente habían aceptado también la autoridad del emperador,
que era quien garantizaba su valor y quien exigía el impuesto.
- Y en
segundo lugar, quería inspeccionar la moneda con ellos, en especial su
imagen y la inscripción que aparecía en ella. Al hacerlo, ellos tuvieron
que reconocer que la imagen de la moneda era de César. Concretamente, en
una de sus caras se podía leer "Tiberio César, hijo del divino
Augusto", y en la otra cara decía "Máximo Pontífice". No
cabe duda de que el Imperio usaba estas monedas para promover el culto al
emperador. Pero aunque muchos judíos se mostraban muy rígidos en sus
normas espirituales, sin embargo, cuando les interesaba no dudaban en
hacer serias excepciones.
"Dad a César lo que es de César"
Finalmente Cristo contestó a su pregunta con una frase
que ha llegado a ser conocida en el mundo entero. Sin embargo, no era el tipo
de respuesta que los judíos esperaban; ellos querían una respuesta directa,
pero Jesús no usó un "sí" o un "no", sino que contestó de
una manera que les obligaba a pensar.
Primero observamos que el planteamiento de Cristo giró
en torno a la cuestión de la "propiedad": "¿de quién es la
moneda?". Y una vez que los judíos admitieron que era de César, Cristo
dijo que le dieran lo que era suyo. Este detalle es muy importante, porque al
hacer esto, el Señor estaba afirmando que César estaba actuando dentro de sus
legítimos derechos de propiedad al exigir el impuesto. Y también, que el Reino
que Cristo estaba estableciendo en este mundo en su primera visita, no entraba
en conflicto en este sentido con el imperio de César.
Aquí aprendemos que Cristo no estaba llamando a sus
seguidores a dar pasos políticos para derrocar el gobierno de Tiberio César,
por cruel y corrupto que éste fuera. Es una comprensión totalmente errónea de
los métodos y estrategias del Mesías suponer que la fe en él había de llevar a
sus seguidores a intentar restaurar la antigua idea de Israel como un estado
teocrático, por medio de programas de desobediencia civil o guerra abierta
contra los imperialistas gentiles.
Todo esto se ve confirmado por la enseñanza que
encontramos en otras partes del Nuevo Testamento:
(Ro
13:1-7) "Sométase toda persona a las autoridades
superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por
Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo
establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí
mismos. Porque los magistrados no están puestos para infundir temor al que hace
el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y
tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si
haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de
Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario
estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de
la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores
de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis:
al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al
que honra, honra."
(1
P 2:13-14) "Por causa del Señor someteos a toda institución
humana, ya sea al rey, como superior, ya a los gobernantes, como por él
enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen
bien."
De estos textos se desprende claramente que el
gobierno secular ha sido ordenado por Dios, y que por lo tanto, todo creyente
tiene el deber de sujetarse a él. Y no hemos de olvidar que el gobernante al
que se refería Pedro era Nerón, uno de los emperadores romanos más depravados,
degenerados e inmorales de la historia. El estado ha sido ordenado por Dios,
puesto que sin leyes la vida sería un caos. Esto no quiere decir que ésta forma
de gobierno goce del total beneplácito de Dios, ni que sea su solución definitiva
para este mundo, pero tenemos que admitir que es un mal menor en un mundo caído
hasta que Cristo mismo venga a reinar. Y por esta razón, todos los cristianos
deberíamos ser ciudadanos ejemplares.
Otra de las exhortaciones que recibimos en el Nuevo
Testamento tiene que ver con nuestra colaboración con las autoridades civiles
por medio de nuestras oraciones:
(1
Ti 2:1-2) "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas,
oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los
reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y
reposadamente en toda piedad y honestidad."
Por otra parte, la sujeción a los gobernantes implica
también el pago de los impuestos requeridos por ellos. Veamos otra ocasión en
la que le preguntaron a Jesús si él pagaba los impuestos y reflexionemos sobre
su contestación:
(Mt
17:24-27) "Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro
los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las
dos dracmas? El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero,
diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los
tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió:
De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo,
para no ofenderles, vé al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques,
tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y
por ti."
La pregunta en cuestión era si Jesús pagaría y la
respuesta fue que sí. Ahora bien, en su razonamiento se aprecia que él, como
Hijo y heredero de todo, no tendrían el deber de pagar, pero sin embargo lo
hizo para no ofender. A la vista de esto, todos los cristianos tenemos el deber
de replantearnos nuestra actitud ante las autoridades y el pago de los
impuestos mirando el ejemplo del Señor Jesucristo.
"Y a Dios lo que es de Dios"
1. El César no tiene autoridad absoluta
El Señor completó su contestación con un segundo
mandamiento: "Y a Dios lo que es de Dios". De esta manera delimitaba
el alcance del primer mandamiento. Lo que viene a decir es que todas nuestras
lealtades terrenales están limitadas por nuestra lealtad superior a Dios.
- Nos
sujetamos a los gobernantes terrenales porque Dios nos lo manda.
- Pero
sin embargo no podemos hacer todo lo que el César dice. El cristiano no
puede decir "¡César es el Señor!", porque para él, Cristo es el
único Señor. Y siempre debe ser así: es imprescindible ser leales a Cristo
por encima de cualquier gobierno terrenal. Aunque el Señor advirtió de que
esta lealtad les costaría a algunos la vida: (Lc 21:12) "Pero antes de todas estas cosas os echarán
mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles,
y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi
nombre".
- Es
especialmente cierto que el estado no puede legislar a quién adoramos,
quién gobierna nuestras conciencias, o quién constituye la máxima
autoridad en nuestras vidas. Como hemos visto en la inscripción de la
moneda, el emperador pretendía gobernar también en el ámbito espiritual,
por eso se hacía reconocer como "Sumo Pontífice" o "Sumo
Sacerdote". Pero Cristo rechaza estas demandas del César, porque
aunque reconoce la legitimidad de su autoridad humana, esta autoridad no
es absoluta, ya que él mismo está también bajo la autoridad de Dios.
- Los
apóstoles resumieron con claridad este principio: "Es necesario
obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5:29).
Este incidente tuvo que ser muy importante para los
primeros lectores de este evangelio, que eran romanos. Los siervos de Cristo
debían ser leales al estado en el pago de impuestos, que era su deuda por los
beneficios que otorgaba el gobierno a los ciudadanos. Sin embargo, debían
negarse a adorar al Emperador, pues sólo Dios merece adoración.
2. Nuestros deberes hacia Dios
Ahora vamos a centrarnos en las obligaciones y deberes
que como criaturas tenemos hacia Dios. Inmediatamente nos damos cuenta de que
el Señor eleva su nivel de exigencia a un plano infinitamente superior que el
de la obediencia civil.
Comencemos por preguntarnos ¿qué es de Dios? Y la
respuesta tiene que incluir necesariamente todo lo que somos y tenemos. De la
misma manera que la moneda era de César porque tenía su imagen, el hombre lleva
la imagen de Dios y por lo tanto le pertenece (Gn
1:27).
Ahora bien, ¿cómo puede el hombre pagar a Dios lo que
es suyo? Lo cierto es que tenemos que reconocer que por mucho que nos
esforcemos en amar a Dios sobre todas las cosas, con todas nuestras fuerzas,
con toda nuestra mente y corazón, nunca llegaremos a conseguir hacerlo tal como
a él se merece. Ante este reconocimiento de nuestro propio fracaso como hombres
pecadores, sólo tenemos la opción de refugiarnos bajo su misericordia y su
gracia esperando su perdón una vez que hemos manifestado un arrepentimiento
auténtico.
3. Jesús separó lo del César de lo de Dios
Por último, podemos ver que el Señor estableció una
división entre la Iglesia y el Estado. Sus discípulos deberían ser al mismo
tiempo ciudadanos del Reino de Cristo y del reino de este mundo, siguiendo las
directrices que hemos considerado más arriba.
Esta advertencia del Señor debería haber servido para
no unir la Iglesia con el Estado, pero con el tiempo, el cristianismo degeneró
precisamente en esa dirección, llegando el mismo papa a ostentar el título de
"Sumo Pontífice" que antes tenía el emperador romano, y estableciendo
para la iglesia un estado terrenal en este mundo. Por supuesto, el no haber
hecho caso a lo que nos enseña aquí el Señor ha resultado muy dañino para el
cristianismo durante siglos, siendo una de las principales causas de
descrédito.
4. Conclusión
El Señor había contestado a ambos grupos. Había
denunciado la santurronería de los fariseos y les había dicho que no debían
rehusar pagar sus tributos a César. Pero al mismo tiempo, había condenado
también la mundanalidad de los herodianos que no daban a Dios lo que le
pertenecía.
Al final todos "se maravillaban de él", lo
que no quiere decir que estuvieran dispuestos a seguir la ruta marcada por su
enseñanza. ¡Qué nosotros no nos quedemos sólo impresionados por la sabiduría
demostrada por el Señor en su contestación, sino que pongamos por obra lo que
él nos enseña!
Preguntas
1. ¿Cuál fue el propósito de los halagos que le
hicieron a Jesús? ¿Qué podemos aprender de esto para nuestras propias vidas?
2. ¿Qué características resaltaron en Jesús como
Maestro?
3. ¿Por qué era impopular el pago de impuestos entre
la mayoría de los judíos? ¿Por qué la pregunta que le hicieron le podía crear
problemas a Jesús?
4. Razone sobre lo que implica la frase "Dad al
César lo que es del César".
5. Razone sobre lo que implica la frase "Dad a
Dios lo que es de Dios".
No hay comentarios:
Publicar un comentario