Nº Sermones sobre temas importantes por el Rev. Paul C. Jong |
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¿Realmente Tienes Comunión con Dios?
< 1 Juan 1:1-10 >
“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con
nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al
Verbo de vida(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y
testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y
se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que
también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión
verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os
escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido. Este es el mensaje que hemos
oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.
Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y
no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz,
tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia
de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no
está en nosotros.”
La Biblia dice que si afirmamos tener comunión con Dios, pero sin embargo
caminamos en tinieblas, y que si caminamos a la luz de la Verdad, como el
Señor está en la luz, entonces tenemos comunión con Dios. Por lo tanto
podemos darnos cuenta que nosotros, los santos y siervos de Dios, también
tenemos verdadera comunión los unos con los otros a través de la fe solo
cuando estamos en la luz de la Verdad.
Creemos en la luz de la Verdad de Dios, y también predicamos a otros el
evangelio del agua y el Espíritu, el evangelio de la salvación, para que
puedan ser liberados de su muerte espiritual por fe. Si vivimos por fe en la
luz de la Verdad de Dios entonces también somos hijos de la luz que
practicamos la Verdad. Por lo tanto, para que tengamos verdadera comunión los
unos con los otros, primero tenemos que aceptar con fe en nuestro corazón el
evangelio de la Verdad del agua y el Espíritu. Si, por otra parte, fallamos
en descubrir la luz de la Verdad revelada esplendorosamente a nosotros en el
evangelio del agua y el Espíritu, y no tenemos la capacidad de habitar en fe,
entonces finalmente terminaremos habitando en tinieblas.
Es por eso que debes confesar tus pecados ante la Verdad de Dios y creer
en la verdadera luz del evangelio, si tú aún no tienes fe en el evangelio del
agua y el Espíritu y sigues caminando en tinieblas. Es por no creer en la
verdadera luz de la salvación por lo que terminamos como mentirosos ante
Dios. Por lo tanto, todos debemos creer con nuestro corazón en la Verdad del
evangelio, ya que Jesucristo nos ha liberado de todos nuestros pecados, ya
que Él nos amó demasiado por lo que vino a esta tierra, fue bautizado, y aún
murió sobre la Cruz. Al hacerlo, entonces debemos pasar el resto de nuestras
vidas esparciendo la luz de la Verdad.
El Apóstol Juan dice que todos podemos tener verdadera comunión solo
cuando estamos en la luz de la Verdad de Dios. Cuando la gente lee 1 Juan, se
encuentra con muchos pasajes que no pueden ser entendidos con pensamientos
carnales. Así que todos están unánimemente de acuerdo en que existen muchos
pasajes difíciles. Pero si uno tiene un entendimiento correcto del bautismo
que Jesús recibió y de Su derramamiento de sangre sobre la Cruz, y si cree en
ellos, no es tan difícil interpretar y entender 1 Juan. En la Palabra de
Dios, no existe verdad que no pueda ser resuelta con la Palabra del evangelio
del agua y el Espíritu. Sino que está llena con la Palabra de la Verdad que
no puede ser interpretada sin el evangelio verdadero. En otras palabras, solo
aquellos que han sido lavados de sus pecados pueden interpretar 1 Juan y
saborear la esencia de su verdad. Esto se debe a que a través de su
Epístolas, el Apóstol Pablo habló acerca del verdadero evangelio de Dios y la
vida de luz de los santos en la Verdad.
El mismo Apóstol Juan también tuvo que habitar en la luz de Dios para
tener comunión con Él. Así que él preguntó a los lectores de esta Epístola si
estaban o no habitando en la luz de la Verdad para tener comunión con Dios.
Él, en otras palabras, deseaba tener comunión con ellos, pero se los dijo muy
claro que primero tenían que venir a la luz de la Verdad dada por Dios.
El Apóstol Juan deseaba compartir su fe con aquellos que creían en la
misma luz de la Verdad. Y él dijo que era posible únicamente cuando todos
ellos tuvieran fe en la Palabra del evangelio del agua y el Espíritu que nos
ha traído salvación de nuestros pecados. Si nuestra fe no es la misma, si no
que es diferente de esta fe que cree en este evangelio dado por Dios,
entonces no podemos tener una comunión verdadera y sincera en Cristo. Es por
eso que el Apóstol Juan dijo, “y nuestra comunión verdaderamente es con el
Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1:3).
Por lo tanto, para que cualquier Cristiano tenga verdadera comunión con
otros Cristianos, debe tener la misma fe que cree la Palabra de la Verdad que
ha venido por el evangelio del agua y el Espíritu. En Jesucristo, creemos en
el evangelio del agua y el Espíritu dado por el Señor, y por esta fe hemos
muerto junto con Cristo y hemos recibido vida nueva con Él. Nuestro Señor ha
dado la Palabra de la Verdad a todos nosotros, para que todos podamos ser
lavados de nuestros pecados con el evangelio del agua y el Espíritu.
Mis compañeros creyentes, ustedes deben darse cuenta que aún si dicen que
creen en Jesús como su Salvador, mientras no crean en el evangelio del agua y
el Espíritu, y por consiguiente sus pecados no han sido perfectamente
borrados de sus corazones, no pueden llegar a ser hijos de Dios. Si no creen
en la luz de la Verdad que viene en el evangelio del agua y el Espíritu, y no
han llegado a ser hijos de Dios, entonces no solo es imposible que tengas
verdadera comunión con Dios, sino además es imposible tener cualquier clase
de comunión con los santos nacidos de nuevo.
Al tener comunión con aquellos que creen en el evangelio de la salvación
de Jesucristo, el Apóstol Juan deseaba tener doble gozo. Juan dijo, “Estas
cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido” (1 Juan 1:4).
Nuestra comunión, es cuando estamos firmes en el evangelio del agua y el
Espíritu con la misma fe en que el gozo para cada uno de nosotros puede ser
completo. Nuestro gozo puede ser multiplicado en el Señor cuando compartimos
nuestra comunión en el evangelio del agua y el Espíritu.
Es absolutamente imposible que los pecadores tengan comunión con aquellos
que han recibido la remisión de sus pecados. ¿Por qué se da está situación?
Se debe a que son totalmente incompatibles espiritualmente con los nacidos de
nuevo, ya que ellos no creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Pero si
tan solo creen una sola vez en el evangelio del agua y el Espíritu, pueden
tener verdadera comunión con los santos. Al principio, aquellos que no han
nacido de nuevo tal vez no entiendan fácilmente cuando escuchen lo que los
creyentes en el evangelio del agua y el Espíritu les dicen, pero
eventualmente llegan a entender, también llegan a tener verdadera comunión en
Jesucristo, a los pecadores se les dificulta entender lo que aquellos que
creen en el evangelio del agua y el Espíritu dicen. Al principio hasta se
sienten raros con respecto a los dichos y las acciones de los nacidos de
nuevo.
Para que nosotros tengamos verdadera comunión con los pecadores, primero
deben creer en la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu y entrar en la
luz de la Verdad. Para hacer eso, deben conocer el evangelio de la Verdad del
agua y Espíritu, y deben convertirse en verdaderos Cristianos. Y para que
nosotros entremos en la luz de la Verdad, primero debemos admitir francamente
lo que realmente somos. Los pecadores pueden alcanzar la bendita fe en el
evangelio del agua y el Espíritu solo cuando se den cuenta que están a punto
de encarar el juicio de Dios por sus pecados.
Para ser perfectamente liberados de sus pecados, en otras palabras, los
pecadores deben admitir que son hacedores de maldad por nacimiento y están
condenados a ir al infierno. Y entonces, tienen que creer en el evangelio de
la Verdad del agua y el Espíritu. Este es el camino correcto y el único para
alcanzar la Verdad de la salvación. Tenemos que escapar de todos nuestros
pecados y de la condenación, el resultado del veneno del pecado heredado de
Adán. Esto solo es posible creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu.
Solo entonces podemos volvernos a Jesucristo. Solo cuando llegamos a ser justos
creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu podemos tener verdadera
comunión con Dios. Solo entonces pueden existir verdaderas relaciones
familiares entre Dios y Su pueblo, y entre Sus santos y siervos.
Si no conoces el evangelio del agua y el Espíritu, el cual es la luz de
la Verdad real, aún cuando crees en Jesús como el Salvador, ¿cuan vana será
tu fe? Es por eso que debes aprender y conocer el evangelio de la Verdad del
agua y el Espíritu. Y debes llegar a ser alguien que cree en este evangelio
de la Palabra de la Verdad. Es en este evangelio verdadero de la Palabra del
agua y el Espíritu dado por el Señor por lo que podemos conocer la Verdad
real de la salvación, y es por creer en esta Verdad que podemos ser remitidos
de todos nuestros pecados y llegar a ser completos por siempre.
La Biblia dice, “Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones”
(Génesis 6:9). Primero debemos reconocer que existía gente justa en la
Biblia. En ese entonces, Noé llegó a ser un hombre justo al recibir el regalo
de la salvación de Dios. En otras palabras, creyendo en el evangelio del agua
y el Espíritu, también debemos recibir este regalo de la salvación que Dios
ha preparado para nosotros. Dios también describió a Noé como perfecto en sus
generaciones ya que Él lo había revestido con el regalo de Su gracia, del lavado
del pecado.
La Verdad de la salvación que Dios le había dado a Noé básicamente era
distinta de la doctrina de la santificación incremental que sostienen muchos
de los Cristianos y las denominaciones de la actualidad. El regalo de la
salvación dado por Dios fue Su amor.
¿Crees en Jesús como tú Salvador? Ya sea que creas o no en la luz de la
Verdad, que Jesús ha borrado tus pecados con el poder del evangelio del agua
y el Espíritu, depende totalmente de ti, pero al mismo tiempo, debes darte
cuenta que todas sus consecuencias, ya sea ser bendecido o maldecido, también
será totalmente determinado por tú elección.
¿Continuas creyendo únicamente en el evangelio de la sangre de la Cruz?
Entonces, sus conciencias deberían de ser las primeras en saber si hay o no
pecado en su corazón. Si hasta ahora solo has creído en la sangre de Jesús
sobre la Cruz para ser salvo, entonces tus pecados aún están intactos en tú
corazón. ¿No es esto verdad? Pero si sus almas ahora creen en el evangelio
del agua y el Espíritu, entonces habrás descubierto la luz de la Verdad real,
la de nacer de nuevo.
¿Que piensas ahora del evangelio del agua y el Espíritu? Aquellos que creen
en el evangelio del agua y el Espíritu no tienen pecado en su corazón. Pero
los que creen en la santificación incremental, absolutamente una mayoría de
los Cristianos de la actualidad, tienen el siguiente mal entendimiento: Ellos
piensan, “¿Cómo puede alguien tan arrogantemente afirmar estar sin pecado,
cuando los seres humanos pecan todo el tiempo mientras que tienen carne?”
Están seguros de que un hombre nunca podrá estar sin pecado sobre esta
tierra, pero Dios ve más allá de sus pecados debido a su fe en Jesús.
Sin embargo, deben darse cuenta del hecho que Jesús en un punto cargó
todos los pecados de este mundo, incluyendo todos nuestros pecados del
pasado, del presente y del futuro, a través del bautismo que Él recibió de
Juan el Bautista. Y deben darse cuenta que fue debido a que Jesús fue
bautizado por Juan por lo que Él derramó Su sangre sobre la Cruz. Jesucristo
es el mismo Salvador, ayer, hoy y por siempre. Al ser bautizado por Juan el
Bautista, con lo que Él tomó los pecados del mundo y caminando hasta la Cruz
para derramar Su sangre, Jesús ha completado toda la justicia de Dios de una
sola vez. Con el evangelio del agua y el Espíritu, nuestro Señor ha borrado
todos los pecados de este mundo de una sola vez por todas.
Sin embargo es profundamente entristecedor que muchos Cristianos de la
actualidad ignoren estos ministerios de Jesús que han borrado los pecados del
mundo de una sola vez. Aún continúan preguntando como los pecados de los
verdaderos creyentes del evangelio del agua y el Espíritu pudieron haber sido
borrados. Tal gente permanecerá como pecadora aunque crea en Jesús, ya que no
conocen el evangelio del agua y el Espíritu, ni siquiera lo creen. Debido a
que no conocen el evangelio de la Verdad real del agua y el Espíritu, no
pueden ser verdaderamente lavados de sus pecados por fe. Yo solo puedo
esperar y orar para que esta gente que solo cree en la sangre de la Cruz como
su salvación llegue a creer en el evangelio del agua y el Espíritu y
experimenten el verdadero lavado del pecado.
El Apóstol Juan fue uno de los verdaderos discípulos de Jesús que creía
en Él como su Salvador. Él recibió el regalo del verdadero lavado del pecado
por su fe en el bautismo que Jesucristo recibió de Juan el Bautista y por Su
derramamiento de la sangre sobre la Cruz. En otras partes de lo que escribió
en su Evangelio, claramente también él da testimonio de la importancia del
bautismo de Jesús por Juan el Bautista (Juan 1:29-34).
Este mismo Juan amonesta a los santos para tener verdadera comunión los
unos con los otros en la verdadera luz de la salvación. Por lo que él
amonesta a cada uno de ustedes para que dejen que la luz de la Verdad ilumine
sus espíritus, y tengan comunión los unos con los otros en esta Verdad. Si
sus corazones ciertamente han sido iluminados por la luz de la salvación en
el evangelio del agua y el Espíritu, entonces ustedes, habrán llegado a ser
santos por fe. La luz de la vida es la verdad que te permite habitar en
Jesucristo, y también tener una comunión verdadera los unos con los otros en Jesucristo.
¿Qué Harás Si Aún Existe Pecado en Tú Corazón Aunque Crees en Jesús?
También existe mucha gente que, aunque cree en Jesús como su Salvador,
piensa que es natural tener pecado. Pero tal gente aún no sabe como la
verdadera salvación fue completada en el evangelio del agua y el Espíritu, la
cual fue concluida en la luz de la Verdad de Dios. Esta gente puede pensar
que su comunión con Dios depende totalmente de ellos, pero llegaran a darse
cuenta que esto no es realmente el caso. Con esta clase de fe, no pueden
venir ante Dios aunque lo intenten, ni tampoco son capaces de acercarse más a
Él a través de sus rezos, ya que hay pecado en sus corazones. Así que
viéndose a sí mismos, solo pueden lamentarse por su miseria.
Si aún continuas siendo pecador ante Dios, entonces debieses confesarle
francamente a Él que estas bajo el castigo del pecado, y admite que el
evangelio del agua y el Espíritu es la luz de la verdadera salvación. Está
claro que cualquiera que aún tenga pecado en su corazón no es un hijo de
Dios, a pesar de que crea en Jesús o no. Cuando creemos en Jesús como nuestro
Salvador, debemos creer en este evangelio verdadero. Cuando crees que
Jesucristo ha borrado tus pecados y te ha dado la salvación a través del
evangelio del agua y el espíritu, puedes ser liberado de tus pecados. Y esta
fe tuya puede ser aprobada ante el santo Dios.
En la actualidad, vemos que muchos Cristianos están tratando de recibir
la remisión de sus pecados y entrar en el Reino del Cielo creyendo en las
doctrinas que cada denominación ha establecido. Pero a través de esa fe
doctrinal y religiosa hecha por los hombres, sus pecados no pueden ser
borrados. Solo cuando ellos conocen el evangelio del agua y el Espíritu
escrito en la Biblia, y cuando crean en esta Palabra de Verdad, pueden sus
pecados ser borrados. Cuando nos damos cuenta que Jesucristo es el Salvador
quién ha venido por el evangelio del agua y el Espíritu, y creamos en Él con
todo nuestro corazón, la salvación perfecta se completa en nosotros. La fe
del Apóstol Juan, también, fue de las que creyó en el evangelio del agua y el
Espíritu (1 Juan 5:3-7). Deberíamos examinar nuestra fe si es la fe en el
evangelio del agua y el Espíritu o la fe doctrinal y religiosa de los
pensamientos humanos.
Si tienes pecado en tu corazón aunque profesas creer en Jesús, entonces
eres alguien que aún no tiene una verdadera comunión con Dios. Aunque ustedes
mismos dicen que creen en Jesús como su Salvador, todavía no han venido a la
luz de la salvación, y por lo tanto no hay verdadera comunión con Dios. Es
por eso que tanto terminan viviendo con tanto dolor. Tales personas deben
confesar, “Señor, aún soy pecador. Debido a que no había conocido el
evangelio del agua y el Espíritu que Tú me has dado, no ha habido todavía
verdadera comunión Contigo. Señor, por favor ten misericordia de mí, y
permíteme conocer la Verdad del evangelio del agua y el Espíritu. Señor,
debido a que mis pecados aún permanecen en mi corazón. Estoy bajo la ira del
pecado y del temible castigo,” y además ellos deben creer en el evangelio del
agua y el Espíritu.
Solo entonces podrás tener verdadera comunión con Jesucristo. Para que
hagas eso, debes estar firme sobre la fe que claramente conoce y cree en el
evangelio del agua y el Espíritu. A través de la fe que cree en este
evangelio de la Verdad, debes ser remitido de todos tus pecados de una vez
por todas y habitar en la luz de la salvación.
En la actualidad, la realidad para muchos Cristianos es que aunque creen
en Jesús y continúan con sus vidas de fe, todavía no reciben el verdadero
lavado de sus pecados por su ignorancia del evangelio del agua y el Espíritu.
La mayoría de ellos ni siquiera han admitido aún la ley de Dios que declara,
“la paga del pecado es muerte,” y como resultado, continúan con sus vidas de
fe sin siquiera darse cuenta que son pecadores a punto de encarar el castigo
de Dios.
¿Cuál es la razón por la que a este mundo le desagradan tanto los
Cristianos? Se debe a que los Cristianos han fallado en llegar a ser la luz
de este mundo. No pueden irradiar la luz de Dios debido a que han fallado en
convertirse en luz al no creer en el evangelio del agua y el Espíritu. Y como
resultado, en lugar de eso son prestos para esconderse a sí mismos en la
hipocresía.
Además, aún en este momento, muchos Cristianos piensan que el
Cristianismo es meramente una de las muchas religiones de este mundo, y creen
en el cómo tal. Así que aquí hay otra razón por la cuál a los incrédulos les
disgustan los Cristianos. Los Cristianos normalmente dicen que lavan sus
pecados diarios ofreciendo sus oraciones de arrepentimiento. Debido a esta
clase de doctrinas religiosas, lo cual no difiere de la fe mundana, existe
una tendencia para los no Cristianos ya que les desagrada Jesucristo en quién
tales Cristianos creen. Los no Cristianos piensan, “Cuan cómodo es para
ellos. Pecan en contra de sus semejantes, y sin embargo dicen que todo lo que
necesitan hacer es ofrecer una oración de arrepentimiento una sola vez y admitir
sus malas acciones a Dios. ¡Que religión tan cómoda!” Así que a ellos les
desagradan tales Cristianos.
Y existe mucha gente que dice que ha renunciado a creer en Jesús ya que
sus pecados diarios no pueden ser lavados aunque han hecho sus oraciones de
arrepentimiento continuamente. Los Cristianos pecadores fácilmente lloran
cuando ofrecen sus oraciones de arrepentimiento. No pueden evitar estar
tristes, ya que aún continúan encarcelados en la oscuridad del pecado y son
incapaces de realmente recibir cualquier ayuda real de parte de Dios. Ya que
no creen en el evangelio del agua y el Espíritu, aún no han recibido la
remisión eterna de sus pecados aunque creen en Jesucristo. Y por lo tanto aún
no han descubierto la luz real de la Verdad. Es solo en sus emociones que
desean la misericordia de Dios y por eso lloran.
¿Cómo es que han llegado a tener una fe tan vana y tan centrada en las
emociones? Se debe a que han estado sufriendo por sus pecados, y se debe a
que no han podido entender la Palabra de Dios aún cuando la leen, ellos
dependen demasiado en sus propias emociones para expresar su desviado fervor.
Sin embargo, con esa fe tan celosa que tienen, los frutos de la salvación no
pueden nacer, sino solo nacen los frutos vanos y necios del pecado. Debido a
que tienen pecado, no pueden dar los frutos del Espíritu Santo aunque tratan
de darlos, ni verdaderamente pueden amar a otros sin importar que tanto se
esfuercen.
Aquellos que permanecen como pecadores no pueden vivir una vida exitosa
de fe sin importar cuanto se esfuercen. ¿Por qué sucede esto? Se debe a que
aún no conocen y ni siquiera creen en el evangelio del agua y el Espíritu que
les permite recibir la remisión del pecado lavando sus pecados.
Aquellos que están por recibir la remisión del pecado en su corazón ahora
deben conocer a los siervos de Dios que tienen la luz de la Verdad de Dios. Y
deben escuchar sus enseñanzas sobre el evangelio de la Verdad para recibir la
remisión de sus pecados en su corazón. Si realmente desean vivir una vida de
fe con corazones totalmente sin pecado y llamar Padre a Dios, necesitas de
todo corazón creer en la Verdad del evangelio de la Palabra del agua y el
Espíritu dado por el Señor, descubrirás y recibirás la luz de la Verdad. Es
por eso que el Señor llama a los santos nacidos de nuevo la luz del mundo
(Mateo 5:14).
Nuestro Señor dijo que al árbol se le conoce por sus frutos. Si
ciertamente los humanos son pecadores desde que nacen, entonces jamás podrán
ser justos a menos que crean en el evangelio del agua y el Espíritu. Si
alguien aun tiene pecado en su corazón y dice que cree en Jesús como el
Salvador, será revelado como un mentiroso ante Dios, ya que su fe es una fe
falsa. Y ya que tal gente no conoce el evangelio del agua y el Espíritu, no
creen en el amor de la Verdad con su corazón, y de esta manera continúan como
pecadores. Sin embargo actúan como si hubieran sido transformados de
pecadores en justos. Esto, sin embargo, es solo un acto de hipocresía que
engaña a Dios, a la gente y a ellos mismos. Tal gente es falsa aún si asiste
a la Iglesia de Dios.
Si alguien no tiene los frutos del Espíritu Santo, entonces es alguien
que aún no conoce el evangelio del agua y el Espíritu. Entonces él puede
vivir únicamente si recuerda que es un pecador y cree en el evangelio del
agua y el Espíritu. Sin hacer eso, no se puede recibir el Espíritu Santo.
Aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu son guiados por
Dios, ya que el Espíritu Santo mora en su corazón. Pero para los pecadores,
debido a que el Espíritu Santo no habita en su corazón, no son guiados por la
Palabra de Dios sino que viven de acuerdo a sus deseos, y por lo tanto al
final perecerán.
Una vez que has llegado a ser justificado ante Dios por la fe, entonces
darás el fruto de fe cuando pase un tiempo. Los justos tienen el evangelio
del agua y el Espíritu que puede traer salvación a otros del pecado. Aquellos
que han recibido la remisión de sus pecados atrevidamente pueden decir a
otros que debido a que creen en el evangelio del agua y el Espíritu, ahora
son justificados.
Romanos 3:10 dice, “No hay justo, ni aun uno,” y la gente ha mal
interpretado este pasaje. Este pasaje en realidad habla acerca de la
condición de la humanidad antes de creer en el evangelio del agua y el
Espíritu. Podemos darnos cuenta de esto con los siguientes pasajes.
La Biblia dice que cuando éramos pecadores, Jesucristo nos limpió al
liberarnos del pecado con la justicia de Dios. No importa quién pregunte,
aquellos que han recibido la remisión del pecado pueden decir que son justos.
Alguien puede preguntarle a un justo, “¿Entonces, todos tus actos son
justos?” Ellos pueden testificar que aunque son insuficientes, debido a que
Jesús ha borrado todos sus pecados con el evangelio de la Verdad del agua y
el Espíritu, han sido remitidos de todos sus pecados de una vez por todas por
la fe. Debido a que todos sus pecados fueron pasados a Jesús a través de Su
bautismo, y por lo tanto pueden decir que ahora están sin pecado. Aquellos
que tienen esta clase de fe son los que pueden ser guiados por el Espíritu
Santo, ya que habitan en la luz de la Verdad y dan el fruto del Espíritu
Santo.
En contraste, aquellos que no creen en el evangelio de la Verdad del agua
y el Espíritu no pueden atreverse a decir ante Dios que están sin pecado, ya
que todos sus pecados permanecen intactos en sus corazones. Esto se debe al
hecho de cada árbol da fruto de acuerdo a su clase. Así como los espinos dan
espinas y los cardos dan su fruto, también es un hecho que el árbol de la
manzana da manzanas. Los justos continuamente ofrecen sacrificio de alabanza
a Dios, esto es, el fruto de sus labios, dando gracias en Su nombre (Hebreos
13:15). ¿Cuál es el fruto de labios de los Cristianos pecadores? ¿Alaban a
Dios desde el fondo de su corazón? ¿Profesan por fe que no tienen pecado en
Jesucristo?
La razón por la que no pueden profesar sinceramente que están sin pecado
es que ellos no creen en el evangelio del agua y el Espíritu, y por
consiguiente sus pecados permanecen en sus corazones. Tal gente dice que
aunque profesa que ha sido salvada de sus pecados, no puede afirmar estar sin
pecado, ya que sus corazones aún tienen pecado.
Todos deben creer en el evangelio de la Verdad del agua y el Espíritu y
llegar a estar sin pecado. Aquel que camina en la luz de la Verdad es alguien
que cree en el evangelio del agua y el Espíritu, el evangelio de la salvación
del cual habló Jesús, y en cuyo corazón habita el Espíritu Santo, y habita
debido a esta fe.
En los corazones de aquellos que han llegado a ser los propios hijos de
Dios, ¿habrá o no habrá pecado? Desde luego que no existe pecado. La Oración
del Señor dice, “Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tú
nombre. Vénganos Tú Reino...” Dios es santo, y Él es luz. En Él no hay para
nada tinieblas y tampoco tiene pecado.
Entonces, ¿Cómo puede nuestro Señor ser glorificado cuando alguno tiene
pecado en su corazón y le dice a Él, “Padre nuestro que estas en los cielos,
santificado y glorificado sea Tú nombre?” Cuándo alguien que tiene pecado en
su corazón ora a Dios, “Nuestro Dios Padre, que tiene misericordia y gracia,
y que es lento para airase, este pecador ahora está ante Ti,” ¿puede acaso
tal oración ser aceptada por Dios? Esta clase de oración y de fe es lo que
blasfema el nombre de Dios, algo que hace burla de la oración por alguien que
ni siquiera es hijo de Dios. Dios es sin pecado. La oración del Señor nos
está diciendo que Dios puede ser glorificado solo cuando primeramente
recibimos, a través del evangelio del agua y el Espíritu, la remisión de
nuestros pecados y llegamos a ser justos, y por consiguiente tenemos la
capacidad de llamar a Dios Padre.
Escrito está en el siguiente pasaje de la Oración del Señor, “Perdona
nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a los que nos deben.” Este
pasaje nos dice que aún aquellos que han sido remitidos de sus pecados aún
pueden cometer pecado, ya que tienen carne. Sin embargo, ya hemos sido
remitidos aún de eso pecados con el evangelio del agua y el Espíritu. Por lo
tanto, este pasaje nos está diciendo que así como nuestro Señor ha perdonado
todos nuestros pecados, nosotros los que creemos en este hermoso evangelio
también debemos tolerar los errores de los demás. Si creemos en el evangelio
del agua y el Espíritu, ¿no deberíamos perdonar también las faltas los unos
de los otros? Dios seguramente nos reprenderá si no nos toleramos los unos a
los otros.
La lección de la Escritura de hoy de 1 Juan 1 habla a aquellos que han
recibido la remisión de sus pecados creyendo en el evangelio del agua y el
Espíritu. Nuestro Señor habita en los corazones de los hijos de luz, los
justos, y hace que no tengan sed jamás. Nosotros somos los siervos de Cristo
quién, al saturar nuestros corazones con el evangelio del agua y el Espíritu
en todo tiempo, son fieles al Señor quién nos ha limpiado de nuestros
pecados. Aunque hemos sido perfectamente remitidos de nuestros pecados
creyendo en el evangelio del agua y el Espíritu, esto no significa que ya no
cometemos pecado. Al contrario, descubrimos más debilidades en nosotros. Pero
debido a que el evangelio de la Verdad del agua y el Espíritu ha lavado
nuestros pecados, estamos sin pecado.
Sin embargo, todas las transgresiones y toda la ilegalidad son pecado
ante Dios. Por ejemplo, cuando lanzas tierra en un arroyo limpio, el agua del
arroyo temporalmente se convierte en un lodo color café. Pero no
necesariamente llamamos a este arroyo sucio. Debido a que es purificada por
el agua fresca que continuamente fluye de su base, aún seguimos llamando a
este arroyo limpio.
Aún después de recibir la remisión de nuestros pecados, aún existen
ocasiones en que nuestros corazones son contaminados por el mundo, pero
purificamos estos corazones manchados creyendo en el evangelio verdadero de
la Palabra del agua y el Espíritu. Al igual que el agua continua surgiendo
del fondo de un arroyo y convierte el agua impura en agua pura, aquellos que
creen en el evangelio de la Verdad del agua y el Espíritu siempre son
limpiados de todas sus transgresiones por la fe. Nada más que esto es el poder
de aquellos que creen en el evangelio del agua y el Espíritu. Si alguien
profesa creer en el evangelio del agua y el Espíritu, pero aún tiene pecado
en su mente, esto solo puede significar que no ha sido ni salvo de sus
pecados, ni ha llegado a ser luz verdadera. El Apóstol Juan pudo ser ordenado
como un siervo de Dios, porqué primero creyó en el evangelio del agua y el
Espíritu. Solo aquellos que han lavado todos sus pecados creyendo en el
evangelio del agua y el Espíritu pueden llegar a ser siervos de Dios.
Así lo hizo el Apóstol Pablo. Antes de que él llegara a ser un siervo de
Dios, ciertamente había sido un blasfemo que perseguía a los Cristianos.
Después de que él nació de nuevo, él asociaba su persona anterior como “un
blasfemo, un perseguidor, un hombre insolente y el jefe de los pecadores” (1
Timoteo 1:13-15). De hecho, él había perseguido a los creyentes en Jesús,
pero él llegó a creer que el Señor Jesús limpió todo su pecado a través del
evangelio del agua y el Espíritu. Es así como el Apóstol Pablo se convirtió
en siervo de Dios creyendo en Jesucristo quién llegó a ser su Salvador.
En una ocasión él confesó sus perversas obras ante el Rey Agripa: “Yo
ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de
Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a
muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales
sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces,
castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido
sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras”
(Hechos 26:9-11).
Puesto de otra manera, reflexionando sobre los hechos que él cometió
antes de recibir la remisión del pecado, el Apóstol Pablo se describía a sí
mismo como el “jefe de los pecadores.” Aunque él había sido el jefe villano
entre todos los pecadores, gracias a la gran paciencia de Dios, él llegó a
descubrir la luz del evangelio del agua y el Espíritu y a recibir la remisión
del pecado. Él está dando testimonio que es así como, creyendo en el
verdadero evangelio, él llegó a ser un siervo de Dios.
En otras palabras, el Apóstol Pablo está admitiendo aquí que antes de que
naciera de nuevo, él era el jefe entre los pecadores. Pero después de su
encuentro con el Señor y de nacer de nuevo por fe, sé convirtió en un hombre
justo sin ningún pecado en su corazón.
En una palabra, si alguien tiene cualquier pecado en su corazón aún
después de creer en Jesús, debe ser un mentiroso, y la Palabra de Dios no
puede ser plantada en su corazón. Por ejemplo, cuando la casa de alguien está
llena de invitados, no pueden entrar más invitados. De igual manera, cuando
uno se agarra de doctrinas mentirosas Cristianas, el evangelio del agua y el
Espíritu no puede entrar en su corazón. Por lo tanto, esa es la razón por la
que la gente debe soltar su fe defectuosa.
En el pasaje de la Escritura de hoy, el Apóstol Juan primero dice a los
justos como recuperar sus vidas de luz cuando están cayendo en tinieblas.
Pero este pasaje también les habla a los pecadores que no tienen comunión con
Dios. Primero deben confesar que no son luz, sino tinieblas, y están
condenados al infierno. Entonces Dios sé encontrará con ellos y limpiará
todos sus pecados con el evangelio del agua y el Espíritu, convirtiéndolos en
Sus hijos de luz.
En la Iglesia de Dios, la verdadera confesión es mostrarse a sí mismo
como realmente es. Pero arrepentirse es darse la vuelta. La confesión y el
arrepentimiento claramente son dos cosas distintas. Si tienes pecado en tú
corazón confiesa quién eres realmente admitiendo que eres pecador. Entonces
el Señor lavará todos tus pecados con la luz del evangelio del agua y el
Espíritu. Esta es la razón por la que el Señor vino a esta tierra como el
Salvador de los pecadores.
El nombre propio de Jesús significa Salvador, como está escrito, “Y
dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo
de sus pecados” (Mateo 1:21). Cuando caemos en pecado, Jesús vino a este
mundo, y borró todos nuestros pecados con Su bautismo y derramamiento de
sangre; y creyendo en esta Verdad es la fe que té guía a la salvación
perfecta. El Apóstol Juan, como un hombre justo, predicó para que los
pecadores pudieran recibir la remisión de sus pecados para llegar a ser
justos, y por otro lado, también exhortó a los justos a llevar una vida
apropiada de luz.
La verdadera confesión es simplemente admitir que uno es una masa de
pecado que no puede evitar pecar. La premisa de la verdadera confesión se
encuentra en creer en el evangelio del agua y el Espíritu que Jesús nos ha
dado para remitir nuestros pecados. Y después de recibir la remisión de
nuestros pecados creyendo en este hermoso evangelio, para que nosotros
caminemos apropiadamente en la luz de Dios es el vivir nuestras vidas como
verdaderos Cristianos.
Nosotros los santos, también, debemos volvernos si hay algo malo en
nuestras vidas, y este es el verdadero arrepentimiento en la vida. Los seres
humanos están destinados a cometer toda clase de pecados. Es por eso que
nuestro Señor quitó los pecados del mundo al ser bautizado. Aquellos que
dicen que no han pecado aún después de haber cometido transgresiones y de
romper la Palabra de Dios (1 Juan 1:10), tienen la clase de fe que únicamente
es religiosa. No hay lugar en tal gente para que entre la Palabra de Dios, y
por lo tanto están destinados a la destrucción.
Como el Apóstol Juan, solo los justos pueden tener comunión con Dios y
con los santos. El Apóstol Juan, un hombre justo, dice en 1 Juan 2:2 que
Jesús tomó todos los pecados del mundo de una vez por todas a través de Su
bautismo. Y Jesús también sé convirtió en nuestro Abogado quién intercede por
nosotros con su evangelio ante Dios Padre. Mis queridos amigos Cristianos,
por encima de todo, primero debemos tener fe en Dios Padre, y creer en el evangelio
del agua y el Espíritu con el corazón. Entonces Dios té enseñará y alimentará
tú alma a través de Su Iglesia para que puedan vivir su vida como verdadera
luz.
El Apóstol Juan ahora nos está diciendo acerca del evangelio del agua y
el Espíritu, el cual es el amor de Dios. Nos está diciendo, “lo que hemos
visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión
con nosotros.” Él fue un testigo que vio a Jesucristo con sus propios
ojos, lo escuchó a Él con sus oídos, y lo tocó a Él con sus manos. Ahora él
nos está exhortando a todos nosotros que debemos creer en el evangelio del
agua y el Espíritu que Jesucristo dio a los Apóstoles, y por consiguiente
todos nosotros debemos ser salvos y venir a tener comunión con Dios.
¿De donde viene nuestra comunión con Dios? Viene del amor de Dios Padre
quién estaba con Jesucristo. Por lo tanto, si queremos tener comunión con el
Apóstol Juan o con los siervos de Dios y con Sus santos nacidos de nuevo,
todos debemos estar con Dios Padre y con Su Hijo Jesucristo. Para hacer eso,
debe existir la misma fe que la de Sus discípulos, entonces podemos tener
comunión con Jesucristo. Es por eso que en la fe de aquellos que creen en el
evangelio del agua y el Espíritu, existe comunión, y nos gozamos doblemente
unos con otros como resultado. Yo quiero que todos nosotros creamos en el
evangelio del agua y el Espíritu dado por Jesucristo y tengamos verdadera
comunión los unos con los otros.
La comunión con Jesucristo que anhelamos tener es posible solo a través del
evangelio del agua y el Espíritu que sé encuentra en el amor de Dios. Es por
creer en el evangelio del agua y el Espíritu que también nosotros podemos
llegar a ser Su pueblo.
Yo agradezco eternamente a Jesucristo por salvar a Sus creyentes de todos
sus pecados a través del bautismo que Él recibió y en Su derramamiento de
sangre sobre la Cruz.
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martes, 19 de febrero de 2013
Nº 2
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